PANDEMIAS

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Se dice que los juegos de azar auspiciados por el Estado son una macana. Nunca se llega a conocer al que ha ganado un gran premio –si exceptuamos a los figurantes que cada diciembre salen con una estudiada coreografía de botellas de champán, abrazos, lágrimas de felicidad, comentarios sobre lo repartido que está y los agujeros que se van a poder tapar–.
Nadie ha visto, sin embargo, a ese de Palafrugell al que le tocaron 16 millones en la Primitiva o aquel que ganó 115 en el Euromillón. Tal vez sí conozcamos a uno al que le tocaron mil eurillos, lo justo para fundirlos en un restaurante de campanillas. Pero aun así, sospechando incluso que los premios millonarios son una socaliña, seguiremos apostando por si fuera cierto e imaginando tener que desprenderse hasta con gusto del 20% de esa quimera para dárselo al homúnculo que manda en Hacienda.
Como seguirán comprando los gobiernos, tarde, mal y arrastras a los laboratorios, vacunas y fármacos ante una pandemia. El miedo es libre. Sucedió cuando el mal de las vacas locas, el Creutzfeldt-Jakob. El año del buey. Los expertos dieron la voz de alarma y los medios de comunicación la difundieron. A la población se le pusieron de corbata. Unas víctimas humanas y miles de vacas sacrificadas después, y no hubo tal pandemia. Como llegó, se fue, sin que nunca más se hablase del asunto.
La gripe aviaria no le fue a la zaga. El año del gallo. Apareció subrepticiamente dejando algún caso aislado en humanos, un loro anémico y algunos pollos difuntos, lo que llevó a los gobiernos a proveerse de forma compulsiva de fármacos, como el oportuno Tamiflu, mientras a la población no le llegaba la camisa al cuerpo y el laboratorio hacía el agosto. Llegó luego la gripe A. El año del cerdo. Prometía ser apocalíptica. No fue más que la gripe común (18.000 muertes en todo el mundo. Calderilla. Ello no impidió que las autoridades sanitarias, tras sospechar la llegada del quinto Jinete, echasen la casa por la ventana para comprar millones de dosis. Nunca llega esa pandemia. Terrorífica si afectase al mundo occidental. Pero algún día la fábula del pastor y el lobo se hará realidad.
El año del mono. África se muere de ébola de forma exponencial. Y las fronteras no son impermeables... Habría que atajar el problema allá donde se encuentra. De momento, aquí lo entendemos como un juego de azar que no nos afecta porque se juega lejos y los dos únicos muertos que ha habido se les puso cara, aunque compraran los boletos allá.
No hay epidemia, por tanto. Pero el ébola está llamando a la puerta. Cuando entre, el premio va a estar muy repartido.

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