Emprendedores

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En tiempos de crisis, está claro que, en algunos casos, se cumple aquello de que “la necesidad aguza el ingenio”. Parece que del caracol se aprovecha todo, menos los muslos.
Primero fue la comercialización de su baba, para arreglar las desfeitas que el tiempo provocaba sobre el rostro, mitigando la presencia de las arrugas de expresión (una trola de carallo, aparentemente muy rentable, a pesar de las multas que con las que emplumaron a aquellos “emprendedores”), y ahora, se comercializan sus huevos a 5.000 euros el kilo, por parte de tres buenos emprendedores.
¡Joder!, y yo aquí, perdiendo el tiempo cuando podría dedicarme a la cría de aberronchos, montoros, u otros bichos con interés gastronómico.
Está visto que, como emprendedor, tampoco tengo futuro. Claro que, si la baba de algún bicho no se puede vender (es mala y tóxica), no quiero decirles nada si tratara de vender sus huevos. Podría ser acusado de crímenes contra la humanidad.

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