LA REFORMA FISCAL Y EL FRAUDE

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El ministro Montoro se enfundó el mono de trabajo hace unos días en el Congreso para defender su reforma fiscal  que, simplificando mucho, supone una reducción de tramos y tributos en la renta de las personas físicas y una rebaja del tipo nominal del impuesto de sociedades, que grava el beneficio de las empresas.
La reforma es políticamente legítima y devuelve parte de la subida de impuestos que aprobó este gobierno nada más llegar al poder. Pero, tal como está de débil la economía,  no es fácil compartir el optimismo del ministro que describió el nuevo marco fiscal como el “motor” con el que España dará la espalda a la crisis. Pocos creen que vaya a significar  “un nuevo impulso que nos lleve al puerto del crecimiento y de la creación de empleo” aunque deje 9.000 millones de euros en los bolsillos de los contribuyentes, la mayoría de los cuales tendrá un ahorro poco significativo, de entre 20 y 30 euros. En principio, la reforma ya tiene sus primeras víctimas en los funcionarios que verán congelados sus salarios por quinto año consecutivo por causa de las previsiones de la   inflación cercana a cero y de esos nueve mil millones que va a dejar de ingresar el Estado.  
Yo no sé si esta reforma es electoralista y regresiva, como dice la oposición y algunos expertos. Lo que sí se puede afirmar es que es incompleta porque a esta puntual rebaja impositiva, que es bienvenida, le falta el complemento de un plan de acción serio para acabar con el fraude que se estima asciende a 70.000 millones de euros. Si se redujera esta enorme defraudación, los funcionarios podrían ver sus nóminas actualizadas y la carga impositiva sería menos gravosa para todos.
¿Es posible acabar con el fraude fiscal? Luchar contra él siempre fue un objetivo de todos los partidos y un fracaso de todos los Gobiernos, por eso estamos dónde estamos. Los defraudadores siempre encuentran un sitio dónde esconder sus dineros porque no se percibe mucha voluntad de atraparlos,  lo que mina confianza de los ciudadanos en el sistema, como decía el secretario de la OCDE a los ministros de economía del G-20 el pasado día 19.    
 Ahora retoma ese objetivo el nuevo líder de los socialistas cuyo equipo económico está elaborando una alternativa a la reforma fiscal del Gobierno con medidas contra la elusión y evasión fiscal que prometen reducir a la mitad en cinco años. A falta de más concreción, suena bien en los oídos del contribuyente honrado que cumple con sus obligaciones fiscales. A ver si no se queda en simple promesa.

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