PAPELETAS CARCELARIAS

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La verdad es que entran ganas de ser políticamente incorrecto. Decir, por ejemplo, que ya está bien y, emulando a aquel político del PP que se disfrazó de lenguaraz en twiter y que después le costó el puesto, que le den de una vez la independencia a los catalanes.
Desde luego si no fuera por esa mayoría silenciosa que padece el yugo del independentismo en una Cataluña nacionalista, por mí, Mas y los suyos podrían jugar desde ayer mismo a ser un Estado de nombre, porque en la práctica, y con las competencias que aglutinan en la mano, de hecho, hace mucho que lo son.
Eso sí, si optan por largar amarras y buscar su destino en solitario que lo hagan con todas las consecuencias, es decir, nada de recular cuando se den cuenta de que pintan menos en el mundo que el principado de Liechtenstein. Porque, en el fondo, la huida hacia delante emprendida por Mas es fruto de su propia debilidad interna. En los manuales del buen fascista, en las primeras páginas, ya se explica que no hay nada mejor para aunar voluntades que crearse un enemigo imaginario y todopoderoso frente al que reafirmar la identidad.
En este caso, la bicha es España. Esa que roba a los catalanes, la que no invierte, la que masacra la cultura y el idioma, la que bombardea Barcelona (esto se asegura en una publicación oficial de la Generalitat) y la que mina su crecimiento. Y una vez que existe el dragón al que exterminar, se pone en marcha la maquinaria de la propaganda (alimentada con muchos millones de euros, por supuesto, procedentes de la propia España) y ya se tiene el escenario perfecto para que la psicosis se extienda cual évola ideológico.
No hay peor tonto que el que no quiere oír y, precisamente, de desoír, los líderes catalanes saben mucho. No quieren escuchar al Constitucional, ni al Congreso, ni, ahora, a la Unión Europea, que insiste en que una Cataluña independiente no tiene cabida en la institución. A ellos les da igual. Se buscan unos expertos que digan lo contrario y a seguir con el lío. Y, ya puestos, ni nos atrevemos a analizar el gesto de que las papeletas del referéndum ilegal se vayan a fabricar en la cárcel de Lleida. Menos mal que somos políticamente correctos y optamos por que impere el diálogo y la cordura en toda esta sinrazón, porque de lo contrario...

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