TOTALITARISMO

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La sombre del totalitarismo y la intransigencia es alargada, está por todas partes, a veces donde menos lo esperamos, como decía un historiador portugués del despotismo puede ser progresista o reaccionario. Desde luego es un fenómeno histórico, en el siglo XX los totalitarismos llegaron a tomar formas verdaderamente terroríficas. Antes ya se había manifestado con frecuencia, incluso en épocas tan aparentemente brillantes como la romana. En realidad, muchos de los imperios antiguos, por no decir que todos, fueron despóticos y tiránicos. Ninguna época se ha salvado de la tentación totalitaria, si bien se ha podido ejercer de una manera más o menos burda. El Medievo dejó paso a la monarquía absoluta y después al despotismo ilustrado.
Es verdad que el liberalismo y los sistemas democráticos aparecieron a partir del siglo XIX como contraposición a los sistemas totalitarios tradicionales. Pero su triunfo fue relativo, pues, aunque parezca mentira, ambos fueron generadores de nuevos sistemas totalitarios, Tan es así que algunos autores como Jacob Burckhardt y George Orwell llegaron a pensar en que su triunfo, el del totalitarismo moderno y científico, sería irremediable.
Podemos decir que hoy ser totalitario no está bien visto, sobre todo en Occidente, donde se vive con un aceptable margen de libertad. Lo cual no significa que la tentación totalitaria haya dejado de ser un peligro. De hecho en algunos aspectos se podría decir que nunca esta tentación ha llegado a ser tan peligrosa. Una característica del totalitarismo de todos los tiempos es la deshumanización de quienes han estado sometidos a ellos. Esa deshumanización a veces ha conllevado la aniquilación física o mental de quienes se resistían, otras la trasformación de los adeptos en verdaderos borregos adoradores del sistema.
La revolución cultural china es sin duda uno de los ejemplos más paradigmáticos y brutales de las tendencias totalitarias modernas, pero no ha sido ni será la última. En realidad China, con toda su relativa y aparente prosperidad, nunca ha llegado a superar la terrible deshumanización a que le llevó el comunismo, por eso se ha adaptado tan bien a un capitalismo sin alma. Pero lo que no deja de ser preocupante es que los actuales dirigentes chinos, dispuestos a mantenerse como la mayor y más próspera tiranía del mundo, sintonicen con los planteamientos aparentemente antidogmáticos occidentales, partidarios de combatir cualquier creencia que ella considere peligrosa para el Estado, una especie de la ley seca pero de ideas y convicciones, muy totalitarias. El totalitarismo aunque tenga piel de cordero sigue siendo un peligro, veremos.

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