Casado sobreactúa

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Tengo para mí que la máxima délfica: “Nada en exceso” sigue vigente también para la política. El apunte viene al hilo del exceso de declaraciones de Pablo Casado, nuevo presidente del Partido Popular. Quienes le asesoran en cuestiones de imagen, un capítulo importante, pero no determinante del juicio que acaban forjando los ciudadanos sobre la personalidad de los líderes políticos le están sometiendo a un exceso de exposición. No se puede saber de todo. Hablar de todo empuja a decir cosas que bien pensadas nunca habrían sido dichas. Por ejemplo, las consideraciones acerca del tamaño histórico de los imperios que en el mundo han sido y su cotejo con el Imperio Español de cuando en España no se ponía el Sol. Ofrecer munición dialéctica al adversario político a cambio de conseguir un titular en algún telediario no siempre es un buen negocio. Los ciudadanos que votan al PP y quienes podrían volver a votarles quieren saber qué Presupuestos presentaría Pablo Casado si estuviera al frente del Gobierno. Les importa menos, o casi nada, ponerse a pensar sí fue Genghis Kan o Felipe II quien tuvo la mayor parte del mundo en sus manos.
Otro asunto del que, sin duda, los votantes de la derecha y el centro derecha, desearían tener noticia es qué haría Casado –si estuviera en su mano– para afrontar la crisis política catalana más allá de volver a congelar la autonomía aplicando de nuevo el artículo 155 de la Constitución. Hablo de Cataluña, pero también podríamos hablar de Andalucía, en puertas como están ya los andaluces de acudir a las urnas. Llegado el caso y si los números dieran de sí, ¿estaría Pablo Casado dispuesto a aceptar un gobierno de coalición con Ciudadanos? Albert Rivera acaba de decir que su partido no volverá a reeditar el pacto con el PSOE que entregó a Susana Díaz la llave del palacio de San Telmo.
Es conocida la servidumbre mediática a la que deben someterse los políticos porque vivimos un tiempo en el que la prisa todo lo devora y casi todo lo banaliza. Por eso un buen político, un político con las ideas claras acerca de lo que debería hacerse para mejorar la vida de sus conciudadanos quizá debería frenar, pensar y espaciar las comparecencias ante los medios. ¿Para qué? Para seleccionar el momento más adecuado para decir lo que hay que decir y cómo hay que decirlo sobre los asuntos de verdadero interés para los españoles. Y dejar que sean otros quienes se quemen con sus proclamas demagógicas o sus naderías tuiteras.

Casado sobreactúa