La bandera de Olga

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El jueves tuvimos un acto, que por sencillo y cariñoso, fue entrañable. Recordamos a Olga Patiño, una amiga y compañera socialista que nos dejó demasiado pronto. Sus últimos años de compromiso como activista feminista se los dedicó con pasión a reivindicar el papel de la mujer en la sociedad desde el Observatorio de la Igualdad que presidía. Olga era de esas personas que enarbolan banderas ondeándolas con todas sus fuerzas para visibilizar una causa. La suya, la de todos los que la seguíamos, era la de la igualdad. Muchas mujeres lo hicieron antes y muchas más tendrán que seguirla, porque en España tenemos un serio problema que necesita visibilizarse para traspasar las pieles de elefante que cubren todos los órdenes de la sociedad.  
Hoy, en España, el ejercicio de la ciudadanía para la mujer es más difícil. En edad escolar, universitaria, en la etapa profesional, en la madurez y la vejez, también en la ausencia, para la mujer el camino de la vida es más duro. En la ciencia, la cultura, el deporte, en las artes, las instituciones y organizaciones, en la economía ¡hay en la economía…!, en la política, en la familia. Estos días fuimos testigos de cómo la justicia también necesita sacudidas. Una chica era cuestionada por sonreír días después de ser violada en grupo. Se pretendía censurarla por querer olvidar y vivir. De manera intolerable se admitieron a trámite pruebas que pretendían argumentar de manera infame. Ya es un grave problema que quien las presentó pensase que le valdrían cuando solo deberían censurarle a él, pero que un Juez las admita, que lo procesal lo contemple,…. eso no debería suceder, pero así están las cosas. Menor salario, cargas familiares en clave conciencia, estigmas permanentes lanzados por miles de millones de euros en publicidad… Son demasiados los elementos que dificultan avanzar en la dirección correcta. Y en ese ring peleaba Olga. Cada semana saltaba a la lona con actos reivindicativos: minutos de silencio en María Pita, concentraciones, mesas redondas, publicaciones y conferencias, llamando a las puertas que necesita abrir e instándonos a sus compañeros del Partido Socialista a empujar todos juntos en la dirección correcta. Siempre con la fortaleza que le daba saber de la justicia de su causa. Defendía que cada mano era necesaria para derribar muros y construir nuevos cimientos, pero siempre ofreciendo sus manos las primeras. Eso fue lo que le reconocimos el jueves, ser la primera de todos.
Desde la política, desde el poder, es inexcusable la ausencia de actuaciones contra la falta de Igualdad y contra su peor cara, la violencia de género. Dos leyes orgánicas han demostrado su ineficacia. La falta de recursos públicos y de proyecto en clave país nos está haciendo naufragar. La educación, como eje sustancial de todo cambio en la sociedad, parece atenazada, implicada con perfil bajo en algo tan sustancial y vertebrador. Es necesario hacer mucho más si no queremos lamentar cada día lo que sucede. Por eso, mujeres valientes como Olga ondeando la bandera de la igualdad son tan valiosas. Estarán ahí siempre, en nuestra memoria, recordándonos la necesidad que tenemos de seguir luchando. 
A Sara, Mónica, Bran, Roi y Pedro.
 

La bandera de Olga