El atinado diagnóstico del doctor Pérez Reverte

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A Arturo Pérez Reverte le dio por la pluma y acabó sentado en el sillón T de la Academia de la Lengua, pero si le hubiese dado por el bisturí ocuparía el quirófano T de la de Medicina, porque ojo clínico tiene como para diagnosticar con precisión la enfermedad de alguien sin ni siquiera auscultarle. Lo ha hecho con Tone Gómez-Reino, el pijo coruñés que para intentar ocultar sus orígenes firmó a favor de la liberación del sanguinario De Juana Chaos, y sus compañeros mareantes, después de que pidiesen explicaciones al ministro de Asuntos Exteriores por haberle concedido un premio: “Además de analfabetos y faltos de comprensión lectora, estúpidos” y “Y este es la lumbrera intelectual que pide cuentas sobre lo que ni siquiera es capaz de comprender. O deletrear”. ¡Qué exactitud!, ni que fuese médico del Sergas y se hubiese estudiado a fondo el historial clínico de los diputados de En Marea, originariamente un espacio multicultural hispano-galaico y ahora sabe Dios qué.

El atinado diagnóstico del doctor Pérez Reverte