Cayetana

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hoy por hoy tal vez parezca prematuro y hasta exagerado afirmar que con la defenestración  de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del grupo parlamentario Pablo Casado se ha podido dar un tiro en el pie. Pero el tiempo y no tardando lo dirá. 
Supongo que quienes lo apoyaron en el congreso de julio de hace un par de años frente a Soraya Sáenz de Santamaría y al deshuesado rajoyismo que ésta representaba, se habrán sentido un tanto decepcionados. Y sospecho que la significativa remodelación practicada en la cúpula directiva del partido les ha parecido como una vuelta atrás; como un nuevo giro o bandazo fruto de presiones varias.
Álvarez de Toledo había sido una apuesta personal de Casado. Ahora ha decaído por discrepancias profundas y dicen que insuperables entre ambos; por la pretensión de Génova,13 de ofrecer un perfil más acusado de centralidad y moderación, y por la creciente presión de dirigentes territoriales -Feijóo, a la cabeza- y del secretario general García Egea, cuyas relaciones con la destituida han sido malas desde el minuto uno.
De todo un poco, pues, ha habido en el más que significativo relevo. Pero el hecho es que el perfil independiente de la fugaz portavoz la ha llevado a chocar repetidamente con las tesis oficiales. Y  si bien es cierto, como ella dice, que en España no estamos acostumbrados al ejercicio de la libertad en el seno de las formaciones políticas y que se confunde la discrepancia con la indisciplina, no lo es menos que una militancia partidista exige una mínima coherencia interna para no aparecer repetidamente como un verso suelto.
    De todas formas, es una pena que el PP siga sin ser capaz de dar cabida en su seno a las dos almas que, al igual que en otras formaciones políticas, anidan en el partido. Casado, por ahora, no sólo no lo ha conseguido, sino que con esta última movida ha agrandado y agravado la brecha entre ambas. 
Muy bien podría haber repartido responsabilidades y funciones. Álvarez de Toledo era, a mi entender, una magnífica portavoz, contundente, preparada y dotada de una innegable capacidad para retratar los abusos de un Gobierno, mendaz e ineficiente, que viene haciendo bandera de un bronco acoso al PP. 
Suele decirse que en política si no te temen, no te respetan. Así es. No creo, en consecuencia, que con la más blandita y sosa Cuca Gamarra el PP pueda en el Congreso ir muy lejos. Para otras y no menores funciones quedarían dirigentes de talante más negociador y con experiencia de gestión. Cada cual vale para lo que vale.  
No se ensanchará, cual se pretende, la base del partido -de este y de cualquier otro- expulsando a los discrepantes. Ejemplos cercanos hay. Por eso el PP arriesga y está por ver si el tiempo le dará o no la razón. Esto es, si pierde más votantes que gana.

Cayetana