PRELUDIO REVELADOR

|

Aunque el viejo catecismo de la doctrina cristiana lo establecía como paso inicial para signarse con la señal de la cruz, cierto es que la expresión “la primera, en la frente” es utilizada en el lenguaje coloquial para significar algo que ha empezado muy mal y que no preludia nada bueno. Y es lo que le ha sucedido al Partido Popular con la sesión inaugural de la undécima legislatura: que, a pesar de haber ganado las elecciones, se ha quedado sin la presidencia del Congreso en virtud de un acuerdo Partido Socialista-Ciudadanos,  al que en segunda instancia se sumó el PP haciendo de la necesidad virtud para no quedar descolgado.
Ha sido al tiempo el primer golpe a la voluntad auténtica de las urnas, principio democrático éste que debería prevalecer sobre otras consideraciones teóricas o coyunturales. Pero no será el único. Habrán de venir más si es que la estrenada legislatura mantiene duración para ello. 
Hay quien se quiere consolar diciendo que los populares tendrán mayoría en la Mesa. Pero no es cierto. De nueve votos, sólo cuenta en principio con tres. Tendrán mayoría si alguno de los otros tres grupos se suma a ellos, lo cual es harto improbable. Porque de socialistas y podemitas no cabe esperarlo. Y Ciudadanos hará algún guiño que otro a la derecha para vender su imagen de centro bisagra, pero las más de las veces o se abstendrá o mirará hacia la izquierda, que es lo que en el fondo más le tira. No habrá que olvidar de que en caso de empate decide el voto de calidad del presidente, el socialista vasco don Patxi (en realidad, don Francisco Javier López Álvarez).
Aclaro que me refiero así a él no por displicencia, sino porque así fue proclamado como tal por la presidenta de la Mesa de edad. El discurso de la tercera nueva autoridad del Estado estuvo lleno de los consabidos buenos deseos. Pero supongo que a la bancada popular le rechinarían las invocaciones al diálogo y al entendimiento por venir en boca de un más que cualificado dirigente de un partido que ni siquiera se sienta a hablar con ella. 
No obstante, la solemne sesión estuvo de alguna manera marcada por el desubicado y manoseado bebé de la compostelana señora Bescansa, la faltona incontinencia verbal de Pablo Iglesias y las rocambolescas juras del cargo por parte de podemitas y socios varios. Casi todos volvieron a dar muestras de que no saben estar como hay que estar en las instituciones. Parecen no haber perdido los tics de las acampadas urbanas, las asambleas de Facultad o las reuniones de los Círculos. ¿De dónde ha salido semejante tropa? Es la pregunta que estos días se hacen muchos ciudadanos. 

PRELUDIO REVELADOR