Siempre París

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En los comicios del pasado domingo, París, la más cosmopolita de las capitales europeas eligió por primera vez a una mujer como alcaldesa. El hecho en sí marca un hito histórico, pero si añadimos que Anne Hidalgo es nieta de republicano exiliado e hija de emigrantes andaluces, la dimensión es mucho mayor. Sus padres como muchos españoles de la posguerra no tenían otra manera para salir de la miseria que emigrar a otros países europeos, en este caso a la vecina Francia. Allí se forjó en los valores que le inculcaron primero sus padres, priorizando su educación, y posteriormente una vida de superación marcada por el progresismo, la igualdad y el feminismo.
Hace unos años sería impensable que la hija de inmigrantes españoles ocupara la alcaldía de París. La globalización, la educación en igualdad y los principios democráticos de la república francesa coadyuvan a que esta realidad se asuma con normalidad. Si además se añade que en la misma semana Hollande designa como primer ministro al catalán Manuel Valls, estamos ante circunstancias que merecen una reflexión sobre el futuro de Europa y la inmigración.
En el caso de Anne Hidalgo sus padres emigraron en el año 1961, seguro que su vida como la de otros muchos españoles emigrantes no fue un camino de rosas, era la mano de obra barata que se iba sin apoyo económico y en su mayoría sin formación académica. Asumían las tareas más humildes y vivían en condiciones precarias. Hoy 53 años después esos padres disfrutan del éxito de su hija y se sumarán al “ Merci, Paris” palabras con las que anunció su triunfo, en su cuenta de Twitter.
No es ciencia ficción pensar que los africanos que hoy logran traspasar las vallas algún día ellos o sus hijos serán alcaldes de una gran ciudad europea o presidentes de un país. La necesidad humana da valor para derribar fronteras, jugársela para vivir con dignidad o morir en el intento es un dilema simple. Decía la ya alcaldesa de París, que el populismo se alimenta del miedo y de la crisis para culpar al extranjero de todos los males. Pues eso, ayer como hoy no es cierto. Pero con frecuencia los errores se repiten.

Siempre París