Historia y cine

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La pregunta es simple. ¿Por qué las novelas históricas españolas gozan de cada vez un mayor reconocimiento y captan a millones de lectores y el cine español es incapaz de hacer una película en ese género que consiga el aprecio de los espectadores? La respuesta es también sencilla: Porque salvo excepciones muy contadas, directores, guionistas y actores y en general ese mundillo están en el lado de quienes consideran que la Historia de España es “facha”, es una mancha y un crimen milenario, una vergüenza oprobiosa que cae sobre todos nosotros como nación, como pueblo, como lengua, sobre todo nuestro pasado, nuestro presente y sobre nuestro futuro.
El cine del fart-west es una seña de identidad de EEUU donde se han forjado muchas de las grandes maravillas de ese arte, las películas de “vaqueros” que vienen a contar como las bajaban montados en sus caballos desde donde nosotros, los españoles las habíamos llevado, a las unas y a los otros. El cine inglés ha producido también grandes obras maestras que le han servido para que su imagen en el mundo fuera conocida y admirada.
Nosotros, por el contrario, nos hemos dedicado, y dejo al lado los bodrios imperiales del franquismo, a echar paletas de mierda sobre cualquier aspecto, hecho, descubrimiento o hazaña desde que estas tierras fueron conocidas como Hispania. La Leyenda Negra se queda en pañales casi piadosos ante la imagen que los cineastas se han dedicado a ofrecer de nuestro pasado. Mugre, oscuridad, miseria como paisaje de fondo unido a la atribución de cuanta maldad, vesania y crueldad quepa por escena.
Y lo hacen porque así es como esos presuntos intelectuales creen que es nuestra historia colectiva. Porque la “progrería” supone que España, en sí misma, es algo de lo que avergonzarse. Y pretenden, y logran en muchos casos, ayudados por toda una corriente “intelectual” que domina no poco territorios de las castas universitarias, y en especial la comunicación, que esa percepción sea la hegemónica en los medios y los mensajes.
Pero a no poca parte de las gentes, eso de que los reflejen como la peor peste de la Tierra les harta y lo que hacen es decirle, con hechos, a los señores del cine y al artisteo de la ceja que a su películas va a ir a verlas su familia más cercana.
El asunto salió a colación en el reciente curso que Escritores con las Historia, que agrupa a más de una treintena de novelistas de primera línea, ha ofrecido y organizado con la Universidad de Alcalá. Una de sus actividades complementarias tuvo como eje el tratamiento del cine al género histórico y al ver la comparación de talantes y obras extranjeras y las propias, amén de envidia por la calidad de como otros y en otros lugares muestran ese pasado, surgió un reproche mayoritario a lo que aquí se practica como norma. ¡Y no será por falta de historia! Es por la ignorancia, el complejo y el haber asumido como propia y creíble la más maniquea de las leyendas y propagandas contra nosotros mismos lo que produce tan perversos resultados. Tan diametralmente opuestos a lo que esta sucediendo en el ámbito literario, donde sin ahorrar las criticas, ni las sombras, ni los desatinos, no dejan de exponerse las virtudes y las hazañas que un pueblo y sus gentes que han dado al mundo. 

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