Paradojas

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G alicia es el país de la paradoja aunque algunos prefieran llamarlo autoodio. Nada aquí parece tener lógica. Todo es susceptible de ser interpretado en contra de lo que en apariencia debería ser. Desde la lengua hasta las costumbres. Un gallego será capaz de talar un carballo entero solo porque sus ramas le rayan el capó del coche o de aniquilar un bosque autóctono y mandarlo al limbo de los árboles (los árboles, a diferencia de los cristianos, tienen limbo y se llama “Muebles Facundo” o “Maderas Soutelo”, adonde trascienden en forma de aparador, sofá-cama o de contrachapado).
En su lugar el gallego plantará miles de eucaliptos, muy celebrados por la gens mesetaria que acude, por ejemplo, a la playa de Augas Santas –vulgo As Catedrais– a cometer toda suerte de excentricidades y grabar tonterías en sus rocas, todo con el beneplácito y batir de palmas de políticos autóctonos, población nativa y honrado gremio de la hostelería, que ven en todo eso dinero fresco, fácil y abundante. Después lloran porque les destrozan el chiringuito, aunque al año siguiente vuelvan a abrir las puertas de par en par a la marabunta.
Pero es que Galicia es la paradoja. No hay más que ir al idioma. Se cuenta que cuando Roma llegó, los galaicos abandonaron en bloque y en menos de cien años su lengua para abrazar el latín. Eso dicen... Y de ahí salió el idioma gallego, nunca erradicado, pese a ser en su día solapado y ninguneado por manzanillos centralistas y maestrillos castellanoparlantes con la misión de extender la lengua del imperio y liquidar el gallego convirtiendo en vergonzantes a muchos de los que antes lo hablaban.
Fue por ahí cuando el fonema iota se convirtió en fricativa y áspera jota pronunciada a la española y se enredó el asunto. Cabalgando entre dos lenguas, el gallego se hizo la picha un lío. De nuevo el absurdo. Lo que estaría –y estuvo– bien escrito, se empezó a articular incorrectamente por influencia del castellano. Palabras con iota que deberían pronunciarse “sh” se pronunciaba como el fonema “j”. De ahí los Sangenjos, los Laje y los Mugía. Queijo y Queijeiro, que pronunciado en castellano no significan nada, Seijo y Feijóo, que tampoco significa nada, y Rajoy (uno presunto gallego que se niega a hablar su lengua pero que pronuncia “sh” de fábula)... Resulta curioso oír a los nativos regurgitar esa jota cuando aluden hablando en gallego a estos dos mandatarios. Una faringitis no les vendría mal... Eso no impide que por aquí se diga John, George, James al anglosajónico modo o, ya en el ámbito del romance, descoyuntando la mandíbula, Jordi, Josep o Sergi, a la catalana; cuando no “sh” en el arcaico grafema “x” castellano que aparece en México, Ximénez o Xerez, y que esta vez sí debieran pronunciarse “jota”. En definitiva, algo tan confuso como este texto que (mea culpa) intenta defender el gallego en castellano.

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