Desfiles, gritos y besamanos

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En 1492 los nativos americanos descubrieron que eran indios, que iban desnudos y que estaban en pecado. Descubrieron, también, que debían obediencia a un rey que en nombre de su religión, mandaba empalar y quemar a quien adoraba al sol, la luna, la tierra y la lluvia que la moja. (Eduardo Galeano, del libro  Los hijos de los dioses).

Ese día, llamado antes de la hispanidad y antes el día de la raza ¿?, es ahora fiesta troncal en un país distinto, democrático, que se celebra con un desfile, un besamanos y, con cierta frecuencia, en una jornada de gritos y crispación. La frecuencia tiene que ver con quien ocupa la primera jerarquía democrática, pues como escribía un docto catedrático, los reyes son un anacronismo, pues mientras la democracia descansa en el principio electivo, la monarquía en el hereditario (sic). 

Cuando el PP pierde el poder se echa al monte a emponzoñar la vida política. Ellos que apelan al patriotismo se apuntan a la crispación tal vez siguiendo la reflexión del expresidente Rajoy: “Cuando la cosa va peor mejor para nosotros”. Y ahí vienen los gritos, los improperios, y en vez de tener la fiesta en paz se montan un pollo como hicieron con González, con Zapatero y ahora con Sánchez. 

Cabe recordar que los silbidos se esfumares cuando Mariano, al que por cierto los desfiles como el del 12 de octubre le parecían un coñazo (confesión propia), lo que viene a confirmar los párrafos anteriores: la derecha cree que es su fiesta, sus calles, sus soldados. El patrimonio de los que presumen de su patriotismo agitando banderas, pero poco ocupados de los ciudadanos que, ellos sí, forman patria. 

Por ejemplo, los voluntarios que acudieron en ayuda de los vecinos de San Llorenç, en Mallorca, a quienes un temporal de lluvia y viento destrozo sus hogares o, años atrás, vinieron a Galicia para luchar contra el chapapote que otros (Federico Trillo, del Partido Popular) confundía con playas esplendorosas y los patrioteros estaban cazando mientras el desastre vestía de negro la costa.

Mientras el líder del PP justificó los gritos contra el presidente de todos los españoles, su partido se oponía al aumento de las pensiones, de las ayudas a la dependencia, a la sanidad y la enseñanza pública. Y es que su patriotismo no llega a los ciudadanos, a la gente de a pie que solo son un medio para hacerse con la finca. Cambiemos besamanos y gritos por  un acto cívico en torno a la Constitución.

Desfiles, gritos y besamanos