OPORTUNIDAD PERDIDA

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Aunque sean muchos los que piensan que la crisis habla solo castellano, la realidad es que los problemas se dejan sentir con fuerza en prácticamente todos los países europeos. Es cierto que en España la situación se ve agravada hasta lo indecible por un índice de paro inasumible, pero en todos lados cuecen habas y dos de nuestros vecinos están dispuestos a rebajar el déficit a base de adelgazar al Estado.
Primero fue Italia la que anunció su intención de fusionar municipios y eliminar provincias. Ahora Francia se suma a este carro que, sin embargo, en España ni se menta y eso a pesar de que aquí existen a mayores las diputaciones, esos organismos sinónimo muchas veces (demasiadas) de agencia de colocación partidaria y cuyo motivo de existencia, más allá de que aparecen en la Constitución, pocos tienen claro.
Y resulta sorprendente que los gobiernos se empeñen en cercenar la sanidad o la educación y permitan la pervivencia de una distribución administrativa decimonónica y caduca, con municipios que si fueran empresas llevarían lustros en quiebra y con ventanillas múltiples y reiteradas para cualquier gestión.
Defensores del Pueblo, televisiones autonómicas y locales, Consejos de Cuentas, Parlamentos provinciales y autonómicos, agencias tributarias de barrio y hasta un Senado que no se ajusta a lo que la Carta Magna dice que tiene que ser. Todo esto no es más que el ejemplo del pánico absoluto que tienen quienes gobiernan a poner coherencia allí donde, es evidente, no la hay.
Es de suponer que es más fácil no cubrir la baja de un profesor y aumentar el número de alumnos en un aula que decir al compañero de partido que se le acabó el chollo del coche oficial, de las dietas por ir a votar a un hemiciclo de juguete, que sirve para nada o casi nada, o que no podrá seguir en el consejo de la empresa pública de turno.
La última ocurrencia de estos mentecatos que nos rigen es alejar la justicia de los ciudadanos. No les pareció suficiente hacernos pagar por cada trámite. Ahora pretenden que sea físicamente más difícil acceder a ella, sin importarles lo más mínimo que se agrave la situación de colapso que se vive en los juzgados. Eso sí, cuando les salpica la duda de la corrupción piden premura a esos jueces a los que les quitan los medios.
Es una pena que la situación económica esté mejorando. Hemos perdido una magnífica oportunidad para abandonar de una vez la prehistoria y entrar en el siglo XXI por la puerta grande.

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