Irresponsables

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A esta servidora a la que está costando sangre, sudor y lágrimas retomar una actividad empresarial que se ha visto forzosamente parada por la llegada del confinamiento inducido por el Covid 19, se le abren las carnes al observar impotente como ciertos irresponsables parecen desear regresar a su encierros por una nueva oleada de contagios.

Jóvenes y no tan jóvenes, tratan de demostrarse a sí mismos y a los demás que, no solo han vencido aparentemente a un virus pernicioso, sino que también continúan siendo los mismos de siempre y-por tanto-sus ganas de pasarlo bien permanecen intactas y en muchos casos multiplicadas.

Al margen de la obligatoriedad de las máscaras o mascarillas, de la necesidad de usar o no guantes y del incuestionable deber de lavarse las manos cada poco tiempo; por encima de todo, es preciso mantener una distancia social durante varias semanas. 

Por culpa del no respeto hacia este espacio de seguridad, muchas de las terrazas que abrieron sus puertas el pasado lunes con un aforo del cincuenta por ciento de su capacidad, se vieron obligadas a tener que cerrar por el incumplimiento de dicha norma por parte de unos viandantes ávidos de sol y olvido.

Pero para tratar de no volver a otro encierro, posiblemente más largo y seguramente mucho más penoso, es preciso que respetemos aquello que el gobierno ordena por medio de sus asesores. No nos queda otra. Y podemos hacerlo a través de multas o de concienciación. Que cada santo aguante su vela.

No teman ante la posibilidad de no ser divertidos por la falta de costumbre o incluso de perder a sus amigos a fuerza de no verlos. Lo único que realmente importa es salir poco a poco de esto y que no nos volvamos a meter en otra igual o peor. Porque lo que en un principio fue un confinamiento con cierto sabor a sorpresa y a novedad, en un futuro sería el fin del mundo tal y como lo hemos conocido hasta ahora.

Volver a empezar es difícil para todos. Estamos aburridos, preocupados y nos sentimos obligados a caminar por la cuerda floja de la incertidumbre. No hay sorpresas ni se las espera. Al menos, para bien. No hay nada. Todo está dormido y unos pocos tratamos de desperezarnos al tiempo que intentamos despertar una economía resentida que tardará en volver a ser lo que fue. Lo que sí es seguro, es que de no respetar las distancias que nos protegen y por las que protegemos, retornarán los contagios y, con ellos, los secuestros entre cuatro paredes y la paralización de todo.

Tengamos paciencia, dejémonos de botellones y de saraos desmesurados y vayamos poco a poco haciendo lo que se nos dice. Si esto fuese un juego, el país no estaría herido de guerra con miles de fallecidos en su haber y otros tantos que se sienten muertos en vida. No nos hubieran parado, ni hubieran tomado unas medidas tan drásticas de reclusión y paralización. Así que tengan mucho cuidado y, si en algo valoran su libertad, vayan paso a paso demostrando que son seres inteligentes que, además, están haciendo historia.

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