PIEDRA A PIEDRA

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Revisando fotografías de algunas de las expediciones gastroarqueológicas, gastropaisajísiticas o simplemente gastrogastronómicas que solíamos hacer los amigos, encuentro una en la que aparece una piedra cruciforme de unos sesenta centímetros de altura. La habíamos localizado en la zona de As Pontes y estaba plantada al borde de un antiguo camino real. Sin duda, en su día formó parte de un dolmen de corredor. Y digo en su día, porque si los dólmenes tuviesen un cielo, el supuesto megalito ya estaría disfrutando de él hacía tiempo. Porque las construcciones de los “gentiles galicrecos” fueron objeto de saqueo y destrucción sistemática durante siglos. Esto era el resto de uno de ellos. Recuerdo que preguntamos -retóricamente- a un paisano que pasaba por allí si sabía qué era aquello. Nos respondió que no, pero que debía de ser muy antiguo, “por lo menos de la Guerra Civil”, dijo. Cierto, en la piedra se podía leer muy claramente: “José 1936”. Y allí estuvo hasta hace unos quince años. Pero dudo de que haya resistido en el mismo lugar. Ya la habrán mangado. Es lo que pasa en este país. La ignorancia, la incultura o la desidia son cómplices de la avaricia y la astucia de otros. Hemos destruido nuestro patrimonio para otras causas y fines -generalmente económicos, domésticos o vandálicos- o, simple y llanamente, nos han desvalijado.
No nos acordamos de los expolios submarinos. En Galicia se conocen y se intuyen numerosos pecios. Pero permanecen olvidados sin que ninguna administración o entidad privada organice una expedición para rescatarlos... En esto, llegan los buscadores de tesoros, y, como el perro del hortelano, los gilitócratas ponen el grito en el cielo, crean una comisión (siempre se crean comisiones), acuden a los tribunales, reclaman la parte del león y, en el supuesto de ganar el caso, dejan que los restos vuelvan a pasar al limbo.
Leo que un tipo está haciendo desmontar piedra a piedra un famoso restaurante vigués para trasladarlo a Inglaterra y volverlo a reconstruir allí. Por lo que se aprecia, el edificio no tiene nada de histórico, ni por especial antigüedad (fue levantado en 1940) ni por ser escenario de hechos destacables. Puro kitch, además. Pero en esencia da lo mismo: una obra en ruinas, en estado de putrefacción. Ahora pasa a primer plano porque un excéntrico y quiero suponer que rico individuo (apellidándose Rothschild dudo de que sea un funcionario del catastro o un dependiente de grandes almacenes) le da un valor del que tal vez carezca. Da igual. Aunque hubiese sido una iglesia románica. Los pailanes de la clase política sacan pecho si alguien sitúa a su ciudad en el mapa. Aun a costa de nuestro patrimonio y arquitectura propia, que languidecen. No hace falta que vengan de fuera a destruirlos. En treinta años los nativos hemos conseguido que, al final, piedra a piedra, no sepamos si estamos en Cambre, Monforte, Muxía... o en Azuqueca, Guadix o el Pozo del Tío Raimundo.

PIEDRA A PIEDRA