San Valentín

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Estoy seguro que ustedes hicieron muchas locuras por amor. Y yo no soy una excepción. Cómo han pasado los años, diría la canción. Es cierto. Atrás, muy atrás, quedan pasiones, ilusiones, alegrías y también muchas lágrimas. Pero qué sería la vida sin equivocaciones. Todavía recuerdo aquello de que “en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe”. Es tiempo de amor. San Valentín está presente. Y es que después de tantos años, quedan entre mis canas razones para recordar.

Los tiempos cambiaron. Supongo que para bien, aunque las cosas no están para lanzar cohetes. Pero se puede soñar e incluso uno puede inspirarse en una de las fechas cumbre del año para no olvidar, si bien este San Valentín ha caído al abismo arrastrado por la crisis. Toca reinventarse y, por tanto, renacen económicas maneras de celebrar el día de los enamorados. Una simple carta, una escueta nota, por qué no, sobre la almohada o junto al café de primera hora, o quizá pegada al ordenador cuando mi mujer, Mila, con la que mantengo un idilio que dura casi medio siglo, acude a interesarse por la actualidad del día, tiene un valor sentimental que resulta más impagable que cualquier lujo.

San Valentín puede seguir celebrándose a un módico precio. Todo vale. Poemas, canciones de amor, besos, muchos besos... Y es que cuando la economía obliga a descartar viajes y cenas románticas, San Valentín recupera su esencia más pura. Y lo que es mejor, sin coste adicional. Tampoco somos ni Romeo ni Julieta. No hemos muerto por amor como cuenta la tragedia de Shakespeare. Resistimos.

Recuerdo nuestro primer beso en un guateque cuando jugábamos a ser mayores. Éramos la sombra el uno del otro. Nuestro primer baile en las fiestas de la Ciudad Vieja. Las citas con aquella niña pecosa que tenía revolucionadas mis neuronas por la calle Real. El deporte acabaría llevándome lejos de A Coruña. Tenía (y tengo) un miedo atroz al avión, pero cada vez que podía, me plantaba en A Coruña. Una vez. Y otra. Aquello no podía acabar de otra forma y un 10 de julio, aprovechando el mes de paga extra, llegó el sí quiero. Luego, la mili por Marina, sin llegar a pisar una lancha. Y hoy, con toda la experiencia que te dan los años, junto a los hijos y nietos, San Valentín siempre está presente. Que prevalezca.

San Valentín