CHOCOLATE DE CONTRABANDO

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Leo con gran preocupación en los periódicos una noticia alarmante. Y no es una amenaza de guerra, ni un tsunami, ni una serie de malos resultados que dejen al Dépor en Segunda. Es mucho peor: el chocolate podría terminarse allá por el año 2020. O sea, que nos quedan menos de seis años para comer bombones. Y todo por culpa de los chinos.
Vaya por delante mi respeto e incluso mi cariño hacia el pueblo chino. Adoro el cine de Zang Yimou, soy habitual del rollito primavera y cada vez que entro en una de sus tiendas salgo con las manos llenas de artilugios, cuya existencia desconocía hasta entonces, sin saber cómo he podido vivir sin ellos. Pero mi simpatía hacia el pueblo de la Gran Muralla tiene un límite... y es el chocolate.
La cosa es que, si los chinos siguen merendando bollycao, para dentro de seis años no quedarían suficientes semillas de cacao en el planeta para poder atender la demanda. Así que, como consecuencia, el precio subiría automáticamente hasta poner el chocolate por las nubes. Según los expertos, más o menos como el champán.
De hecho, en 2013 los precios subieron un 20% y el pasado mes marzo el cacao volvió a alcanzar un nuevo máximo histórico en los mercados de Nueva York y Londres.
La Organización Internacional del Cacao asegura que este año habrá un déficit de 150.000 toneladas del producto y que la tendencia previsible es que siga subiendo. La solución, además de encarecer la caja roja, pasa por ayudar a las comunidades que se dedican al cultivo del cacao, la gran mayoría en África, para que tengan la capacidad de cultivar más semillas para poder exportarlas.   
Mi primera reacción ha sido bajar corriendo al supermercado más cercano y vaciar las estanterías como si mañana fueran a declarar la III Guerra Mundial. Luego he pensado en hacer algunas llamadas y localizar a un buen camello, para tenerlo de mano cuando llegue el momento.
Me veo en unos años pasando de la mona al mono y ávida de la droga del colacao, preguntándole en una esquina: “¿Tienes chocolate?”. “Sí, claro, del bueno”. “Pues pásame un poco, pero con cacao al 70%, que la mierda que me vendiste el otro día estaba malísima y no entraba ni con pan”. “Es que era chocolate, pero del de fumar…”. Y, tras un largo silencio, la respuesta: “Claro, con razón era tan barato”.

CHOCOLATE DE CONTRABANDO