Castrados emocionales

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Dícese que castración física es la técnica quirúrgica destinada a retirar los órganos sexuales. Por medio de esta operación se impide la reproducción y la drástica reducción de hormonas generadas en dichos órganos. De algún modo, es una manera de delimitar la sexualidad y de obligar a quien la sufre a vivir supeditado a los mandatos de un cuerpo templado por el adormecimiento de una mente resignada. 

En la vida real, el mundo está infestado de amputados emocionales que, equivocadamente, no alcanzan la categoría de minusválidos. Personas acostumbradas a reprimir sus sentimientos, necesidades o ilusiones; por miedo a ser rechazados, incomprendidos, o simplemente por su deseo a ser aceptados por aquellos a los que quieren o creen querer.  

Los castrados emocionales representan un peligro para la sociedad por la frustración que acarrean y que únicamente suelen ser capaces de mantener a raya el tiempo que dura la sintonía generalizada. Una vez que los problemas llegan, las cosas se complican, o el aburrimiento se hace presa en ellos; todo lo guardado bajo siete llaves sale, generando una tormenta en el espíritu del protagonista y un huracán en los de sus atónitos espectadores.

En la vida en general, mostrarse sin filtros es muy peligroso para cualquiera, pero hacerlo además con la ira procedente de demasiado tiempo de represión emocional por culpa de un fingimiento que les ha llevado durante demasiado tiempo a dejar de ser ellos mismos para ser únicamente como sentían que los demás anhelaban que fuesen; suele acabar generando horribles tempestades en carne propia y en piel ajena. En realidad, se trata de una falta de honestidad para con uno mismo y para con los demás, que puede acabar destrozando la vida de todos.

No debemos olvidar que, además de los reprimidos, existen los que temen tanto convertirse en uno de ellos, que se oponen a todo lo que consideran un sometimiento, básicamente, para luchar con uñas y dientes por evitar perder un ápice de una esencia que casi siempre conduce al camino de la soledad. Y es que para vivir felizmente en sociedad no hace falta castrarse en favor de lo que pensamos que les gusta a aquellos que nos importan, ni tampoco despojarnos del todo de nuestras creencias y convicciones, sino colaborar con una buena actitud de empatía a que la relación –sea esta del tipo que sea–, funcione.

Paradójicamente, aquellos que llevan toda su vida acostumbrados a sacrificarse en infinidad de ocasiones por los demás, pero sin intentar ser distintos a quienes en realidad son; suelen ser seres humanos plenos, carentes de complejos, sabedores de sus propias limitaciones, deseosos por aprender de los demás y felices con lo pequeño, sobre todo, por haber sido testigos de las búsquedas infructuosas de casi todos los que anhelaban buscar lo grande.

Así que ya lo saben, sean ustedes de los castrados emocionales o de los que equivocadamente tiene  miedo a serlo, sepan que existe un término medio en el que las personas hablamos, cedemos y nos aceptamos con nuestros más y con nuestros menos… Porque la vida es una adaptación continúa y las circunstancias y pensamientos se modifican en base a los seres que se van cruzando por nuestros caminos, así como al interés, simpatía o amor que sintamos por ellos. 

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