Intolerancia y xenofobia

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Estamos cansados de ver como centenares de personas llegan  a las costas europeas en busca de una vida más digna. Se lanzan en pateras o viejas embarcaciones, corriendo un riesgo evidente para sus vidas, y todo para entrar en el llamado continente de las oportunidades.  

Los más afortunados, que consiguen entrar en Europa, se encuentran luego con la desilusión de la intolerancia y la xenofobia por un evidente déficit de empatía entre algunos ciudadanos que viven en algunos de esos países europeos y que luego presumen, hipócritamente, de tolerancia, libertad y democracia. Estas ciudades y pueblos acogedores, que tendrían que ser mucho más humanos, solidarios y con valores luego se dedican a utilizarlos como mano de obra barata y en algunas situaciones de semiesclavitud.

Inmigrantes trabajando más de doce horas por salarios de miseria, mientras les cotizan únicamente por dos horas diarias. Condiciones infrahumanas para muchos inmigrantes que los ven como mano de obra barata ante la necesidad de supervivencia. Por suerte cada vez son más los que llevan años en estos países y se atreven a traerse, por arraigo (al llevar más de tres años residiendo en los países de acogida), al resto de su familia.

Muchos inmigrantes ya están integrados en algunas localidades, sus hijos están naciendo en Europa. Esta situación obligará a cambiar ciertas mentalidades y valores para respetar el derecho de estas personas que ahora ya son ciudadanos, con los mismos derechos que los demás. Tenemos que recordar que España es el segundo país más desigual de Europa.

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