CUESTIÓN DE DINERO

|

Legislar formalmente, o si se quiere sobre el papel, en el BOE, es fácil y barato, otra cosa es llevarlo a la práctica, trasladar lo formal a lo material, lo que ya implica cierta complejidad, y el consiguiente gasto público. Por ejemplo, ciñéndonos a la Justicia, cómo se va a instruir una causa penal en seis meses con la raquítica plantilla de jueces y fiscales que tenemos, que si ya antes, menos ahora, ni mucho menos después, será capaz de racionalizar mínimamente el “tempus” que facilite en su día una justa decisión. Y si hay que instruir en seis meses, y por tanto deficientemente con los medios personales y materiales existentes, que es donde primero se debería invertir, según el sabio refranero de “no poner antes el carro que los bueyes”, es evidente que, sobre todo en causas de cierta enjundia, como las atinentes a la corrupción, la cosa sólo beneficia a una de las partes procesales ¿Adivinan a quién? En efecto: al corrupto.
Y, por cierto, ¿quién protege a las maltratadas? De las últimas cuarenta y siete mujeres asesinadas, solo ocho habían puesto denuncia previa, es decir, ocho mujeres han sido asesinadas a pesar de haber recabado la acción de la Justicia. Mujeres amenazadas, que temían por su vida y que el Estado no ha sabido proteger. ¡Ojo! El Estado, no el juez ni el fiscal ni la policía judicial del caso concreto. El Estado, que es quien debería materializar la formal decisión judicial de protección de la víctima que marca la ley sobre el papel con su real seguridad personal. La que le salvaría la vida. ¿O no se presupuestan los políticos ingentes cantidades de dinero en su propia protección? Algunos para ir de compras, vinos, u otros menesteres de innecesaria cita...
Claro que es más fácil legislar y “vendernos el muñeco” con la implantación de penas severísimas y cánticos, fundamentalmente en campaña electoral, sobre la natural debilidad del sexo femenino respecto del masculino, y la tendencia de éste último a prevalerse de ello a través de su innata fuerza bruta.
Claro que este “modus operandi” de nuestros políticos sobre la cosa pública no se reduce a la justicia, pues al final, como en la educación, la sanidad, la dependencia, no se trata más que de dinero. Pero viene siendo por aquí secular que, precisamente “a la Justicia”, nuestro docto poder político, inspirándose en maestros del balompié como Bilardo, “ni agua”.

CUESTIÓN DE DINERO