Gastar lo que no tiene

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Ya podemos estar tranquilos. Todos los expertos se han puesto de acuerdo para anunciar el fin de la crisis. Un minúsculo crecimiento del 0,1% es más que suficiente para que el champán empiece a correr donde nunca dejó de hacerlo. Incluso cien parados menos sirven para que más de un ministro saque pecho y hasta se atreva a poner en duda la imparcialidad de Cáritas. 
Lo más curioso es que la solución a este quinquenio negro ha llegado del mismo modo en el que lo hicieron las quiebras y los apuros. Es decir, nadie es capaz de citar de forma pormenorizada las razones de que ahora haya luz al fondo del túnel. Un día, al levantarnos, nos enteramos de que éramos pobres de solemnidad. Los mismos que antes comprábamos un piso como inversión y hasta invertíamos los ahorros en preferentes.
Las alfombras rojas que nos recibían en las sucursales cuando acudíamos a pedir un crédito se tornaron en órdenes de desahucio por no pagar las cuotas adeudadas y hasta aquellas tarjetas que nos regalaban para engordar nuestras carteras hasta anchos imposibles se convirtieron en hábiles instrumentos de recaudación silenciosa para los sibilinos banqueros, que ya hasta imponen un precio a cada letra que escriben en, por ejemplo, el concepto de una transferencia.
Pero no pasa nada. Es una alegría que dejemos atrás la crisis y tendremos que congratularnos por la gran labor efectuada por banqueros y políticos, que han comandado la nave a la deriva de nuestra economía hasta llevarla a buen puerto. Eso sí, somos más pobres, incluso los que tengan la suerte de mantener su trabajo lo hacen cobrando menos. Recibimos menos servicios  aunque paguemos lo mismo o más vía impuestos, copago, repago y tasas. 
Afortunadamente no ha sido necesario resucitar el Auxilio Social, aunque habría que ver qué hubiera sido de este país sin el trabajo callado y homérico de cientos de ONG que han mantenido y mantienen abiertos sus comedores, sus refugios, sus programas de ayuda, sus supermercados, su asistencia...
Estamos de suerte. La economía crece. La pena es que no lo haga al mismo ritmo que se incrementa el salario de los grandes banqueros, de los asesores políticos y de los chanchulleros profesionales. Por si no se ha enterado, ya no estamos en crisis, así que anímese y vaya a gastar lo que no tiene.

Gastar lo que no tiene