Desmarque continuo

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No estuvo –me parece– muy afortunado el martes Feijóo cuando en un desayuno informativo en Madrid se puso a ajustar viejas cuentas con Ciudadanos como germen que, a su entender, fue de la moción de censura contra Mariano Rajoy. Lo llamó también poco menos que chaquetero por “cambiar de opinión demasiadas veces” y le recordó en un par de ocasiones la enorme desigualdad de presencias en el Parlamento de Galicia: 41 del PP por 0 del partido naranja.
No fue justo ni oportuno. Y si se me apura un poco, su comportamiento resultó hasta desleal. Y es que habiéndose acabado de firmar un importante acuerdo con la formación –de momento- de Inés Arrimadas que va mucho más allá de las autonómicas del 5 de abril en Galicia y País Vasco, no se entiende mucho el desmarque de nuevo por él exhibido, innecesario por de sobra conocido. Una disidencia, al fin de cuentas,  que Feijóo parece interesado en subrayar siempre que puede.  
Habrá que ver en qué queda el acuerdo PP-Ciudadanos cuando haya que encajar nombres, si es que a ello se llega, en las listas. Pero su objetivo son, como reiteran ambas partes, las próximas elecciones generales y la concurrencia conjunta a las mismas. Al día de hoy no se vislumbra otra fórmula  o alternativa mejor para salir airosos de ellas y propiciar el relevo del sanchismo. Así lo entienden no sólo Casado, Arrimadas y sus correspondientes estados mayores, sino también cualquier sociólogo electoral. 
Al pacto, pues,  no hay que buscarle efectos inmediatos ni taumatúrgicos el 5 de abril. Ni aquí ni allá. Si en el País Vasco el Partido Popular ha perdido 200.000 votos y diez escaños en quince años, no cabe esperar ahora milagros ni descartar alguna sonada debacle. 
Habrá que añadir  que todo ello no es sólo un problema del PP. También el PSE-PSOE lo está sufriendo, como lo demuestran los datos  de que en las últimas autonómicas los socialistas vascos perdieran cien mil votos y siete diputados en relación con cuatro años atrás, se vieran superados por Podemos y se quedasen  muy poquito por encima del PP.
Guste o no,  los partidos que suenen a obediencia central están llamados a ser irrelevantes en el País Vasco. Al igual que en Cataluña. El auge de los independentismos es hoy imparable. En la convocatoria, por ejemplo, de hace cuatro años, PNV y HB Bildu se llevaron entre los dos el 61,4 por ciento de los votos. Y de cara al 5 de abril las expectativas son mejores. 
El Partido Popular creció allí en los años duros del terrorismo etarra y desde entonces se ha quedado sin sitio o con muy poco espacio para crecer, por mucho que con hechos y dineros no haya puesto en duda las señas de identidad del País Vasco. No pocos electores de derechas votan hoy al PNV. Aunque no sean independentistas. 

Desmarque continuo