BOLSILLOS VACÍOS

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Estamos en uno de los tradicionales puentes del año, el de la Constitución, que en ocasiones se aprovechaba para una escapada lúdica, incluso para compras navideñas y regresar con las pilas cargadas y los paquetes de colores para colocar junto al árbol. Este año se observa poco movimiento turístico y poca alegría en los comercios y en los bolsillos.
Nos están vendiendo mejoras en la economía,  pero lo cierto es que en los últimos dos años de los grandes indicadores el único que ha mejorado es la prima de riesgo. Hay más paro, salarios más bajos, más déficit y deuda pública, menos crédito bancario, menos inversión y más pobreza. Por citar algunos de los que han sido publicados en fuentes oficiales. Por tanto, la situación de los ciudadanos es peor. Hecho que también lo ratifica una reciente encuesta del INE sobre Integración social y salud, en la que se concluye que el 40% de los españoles tiene serias dificultades para cubrir sus necesidades básicas, como pueden ser comida y ropa. Las principales razones de esa situación son fundamentalmente los ingresos limitados, la subida de los precios y la necesidad de dar soporte a hijos o nietos.
En estos momentos, la mayor red de ayuda son las pensiones de los mayores, que sostienen la precaria situación de las familias. Pero esto tiene un coste muy elevado en su calidad de vida, muchos con problemas psicológicos derivados de la presión que soportan, que se añaden a las dolencias propias de la edad y a la falta de atención médica y farmacéutica; en muchos casos por no poder hacer frente al pago de medicamentos. Es lamentable que las personas mayores, a las que no les ha sido fácil llegar a la jubilación, no puedan disfrutar del descanso y del ocio que tienen bien merecido y que asuman sobre sus ya frágiles espaldas nuevamente el peso de la familia.
Este diciembre con sus tradicionales fiestas va a ser duro para muchas personas, por eso los discursos de euforia están fuera de lugar. Está bien la movilización social con aportaciones a los bancos de alimentos y  de voluntariado social. Pero las instituciones no pueden lavar su imagen suprimiendo servicios y derechos sociales, amparándose en una caridad con buenas intenciones, pero que no resuelve la situación de fondo.

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