Pactos y asesinos

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En las últimas 48 horas otras dos mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas, con lo que la cifra negra de la vergüenza en lo que va de año asciende a 37.La única novedad es que estos hechos se producen después de que nuestros políticos se hayan puesto de acuerdo ¡por fin! para dar luz verde a un gran pacto contra la violencia machista.
El pacto contempla la creación de protocolos en la atención primaria sanitaria y en las urgencias para que los médicos contribuyan a detectar a posibles víctimas. Sin embargo la detección, en ocasiones, no es suficiente para esa pequeña de cuatro años que ha muerto tras recibir una brutal paliza y con signos de abusos sexuales, después de que los médicos que la atendieron por otra paliza denunciaran el tema. ¿Qué clase de monstruo despiadado puede cortar de cuajo la vida y la infancia de un ser inocente? nos preguntamos ahora, pero además en este caso han fallado todos los protocolos. Por eso es importante esa modificación anunciada de la ley de régimen local para que los ayuntamientos recuperen las competencias en promoción de la igualdad.
Este año, 2017 se esta convirtiendo en el más sangriento en violencia machista. Lo importante es ¿por qué? ¿Qué pasa para las cosas sigan igual? Hemos hecho leyes, formado a jueces y policías especializados, roto silencios y miedos, pero algo estamos haciendo mal para que los agresores sigan campando a sus anchas. Y lo peor de todo es que cada día las víctimas son más jóvenes y la impotencia cada vez mayor. Sabemos detectar los síntomas porque los parámetros son idénticos: primero los insultos, luego un empujón, la bofetada, la humillación, el ir minando poco a poco la autoestima, la amenaza con llevarse a los hijos... y el infierno en la intimidad y la soledad del hogar. Cuando ocurre lo peor... nadie ha oído nada, ni ha intuido nada. Y otra vez el silencio vergonzante de una sociedad incapaz de señalar como apestados a los cobardes. No son hombres corrientes sino asesinos de la peor especie.
Paco ‘El disecao’, como lo llamaban en el barrio por su enjuto aspecto, pasó las últimas horas de la tarde del lunes enfrente de su casa, de Getafe. Al lado de la fuente, junto a algunos vecinos que lo conocían, enseñaba una pistola mientras gritaba: *¡Que la mato, que la mato!*. Aunque todavía quedaban unas horas para que cometiese el crimen.
En la madrugada del martes, Francisco, de 71 años, degolló en su domicilio a la que había sido su pareja sentimental durante una década, María Raquel, de 63 años. Más de 24 horas después, pasadas las 5 de la mañana del miércoles, se entregó a la Policía reconociendo el crimen. La autopsia dictaminó que la causa de la muerte fue la herida que tenía en la cuello. También presentaba puñaladas en el costado del cuerpo.
Esta es la crónica publicada en los periódicos del asesinato cometido en Getafe. La diferencia es que tras el pacto se suprime la atenuante de confesión en delitos de violencia de género con lo que el “disecao” verá aumentada su condena por el crimen y eso al menos es algo.
Prevenir y atajar a violencia a través de la educación es otra de las prioridades del pacto. Con este objetivo, se reforzará y ampliará el fomento de los valores igualitarios y la prevención del machismo. Estoy convencida que si hay algo que puede acabar con esta lacra es la educación porque solo inoculando en las generaciones futuras conceptos como igualdad y respeto podremos contar con un arma eficaz. Espero y deseo que este nuevo pacto sirva para no tener que escribir un día sí y otro también sobre un tema tan repugnante que debería avergonzarnos a todos. ¡Ni Una Más!.

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