Un guiño al aborto

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El papa Francisco ha permitido a los sacerdotes absolver el pecado del aborto a todos los católicos arrepentidos que, con corazón sincero, se acerquen al sacramento de la confesión durante el Jubileo de la Misericordia, que se celebrará en todo el orbe católico del 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 216.
Ese perdón generalizado a tan grave pecado, castigado con la excomunión, necesitaba un permiso especial del obispo o, en su caso, del propio papa. Sin embargo, en la Iglesia de Uruguay, hace más de cincuenta años, los obispos delegaron a todos los sacerdotes la facultad de perdonar ese pecado.
No cabe duda que la medida adoptada por el papa Francisco es tan valiente como polémica, pues constituye un hito importante en la historia de la Iglesia Católica, conceder el perdón, a “tan gravísimo mal”, como lo califica el propio papa, a todos los católicos por muy pecadores que sean, siempre que “pidan perdón de corazón” y cumplan los demás requisitos que se contienen y especifican en la Bula que lo autoriza.
Esta decisión excepcional del Papa se inscribe en su idea predilecta de que “el Señor nunca se cansa de perdonar” lo que, por otra parte, se corresponde con la naturaleza pecadora del ser humano.
Coincidiendo con el actual pontífice en el Dios del perdón, creemos, sin embargo, que éste no debe quedar circunscrito, cuando se trata de un mismo pecado, a un tiempo fijo y determinado en el que pueda ser concedido por los sacerdotes, excluyendo de sus beneficios a las personas que se arrepientan y “pidan perdón de corazón”, aunque el pecado lo cometan con posterioridad al Año Jubilar de la Misericordia.
Es innegable que el aperturismo que para la Iglesia Católica representa el nuevo aire evangelizador del papa Francisco, constituye una sorpresa, para propios y extraños, por su coraje y valentía.
En línea con ese espíritu apostólico y evangélico, afirma que “no podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos”.
Su cercanía a los problemas y necesidades reales de las personas, especialmente, las más débiles y desprotegidas, le hacen ser especialmente sensible a todas las flaquezas, debilidades e infortunios de la humanidad.

Un guiño al aborto