Cordón sanitario

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Dado que los debates, sobre todo el segundo que, gracias fundamentalmente al griterío y los insultos de Rivera, no han servido para que los votantes se enteren de lo que proponen hacer con el país los cuatro candidatos, hablemos del “cordón sanitario”.

Rivera, que pretende convertirse en el líder de la derecha, ha basado gran parte de su campaña en jurar que jamás apoyará a Sánchez ni a los socialistas. Tal ha sido su afán por dejarlo claro que no ha escatimado escenificar en los debates la animadversión que Sánchez le provoca. Y el presidente en funciones, que sabe de su necesidad de lograr pactos si quiere permanecer en la Moncloa, ha hecho oídos sordos hasta el martes. Porque si algo quedó claro del segundo cara a cara es que el socialista tuvo que afirmar que él tampoco pactara con Ciudadanos.

Visto ahora, parece evidente que no es posible un apoyo entre los dos bloques cainitas de derecha e izquierda. Puede que el enigma se prolongue más allá de las elecciones municipales, autonómicas y europeas. Porque lo único que dejan claro las encuestas es que va a ser muy difícil lograr mayorías.

Pero, si la inquina y la incompatibilidad son tan manifiestas, ¿por qué en comunidades y ayuntamientos los candidatos del PSOE y Ciudadanos negocian acuerdos? ¿El cordón sanitario es solo para el Congreso? Pongamos un supuesto con posibilidades de ocurrir: avanza el verano y la única alternativa de un gobierno constitucionalista pasa por el pacto entre estas dos fuerzas o la posibilidad de que el PSOE se apoye en los independentistas. ¿Va a consentir Rivera y su acendrado patriotismo que esto ocurra? Otro supuesto: ningún bloque suma y hay que volver a las urnas. ¿Tanto el PSOE como Ciudadanos van a consentir una cuarta cita electoral en menos de cuatro años? ¿Se puede permitir un cuatrienio de desgobierno con la amenaza global de una nueva recesión económica?

Si a esto le sumamos que destacados socialistas no solo no descartan un pacto con Rivera si no que les parece la opción que daría mayor estabilidad, y en Ciudadanos se habla de un “plan B”, es que las cosas no están tan claras. Hay también que tener en cuenta a una fuerza de presión tan importante como discreta que son las empresas del Ibex. Es evidente su capacidad de influir en unos y otros para evitar esa inestabilidad política que tanto daña a la economía y a sus empresas en particular.

Por tanto dejemos en el aire la frase “de esta agua no beberé” y pongamos un: depende. Porque podría ocurrir que Ciudadanos se diera un batacazo en las urnas y ni siquiera con sus votos se lograra la mayoría. O que Iglesias, investido de su nueva imagen de sensatez y cordura, que tanto ha gustado en los debates, remonte el vuelo y con sus escaños baste. La respuesta, el lunes.

Cordón sanitario