¿Todos culpables?

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Como ya estamos curados de espanto, en medio del barullo de las fiestas y el auge de la pandemia han pasado desapercibidas, o al menos no han tenido el relieve político y mediático debidos, las insólitas declaraciones del presidente del Gobierno y aledaños sobre la supuesta culpabilidad “de todos” con lo sucedido en Cataluña. 

Tomadas por separado, podrían si no justificarse, sí perdonarse. Pero consideradas en su repetida sucesión temporal constituyen un intento de asentar todo un interesado -y falso- relato de lo allí habido con ocasión del proceso independentista de septiembre y octubre de hace tres años.

Puestos a rebobinar, habrá que situarse en comienzos de diciembre último cuando en declaraciones a un periódico catalán Pedro Sánchez dijo que en aquella comunidad “todos hemos cometido errores; los independentistas y nosotros también”. Pasados unos días, en el idílico balance de fin de año insistió en su peculiar análisis político: “Cuando hablamos de Cataluña, nadie está libre de culpa. Todos hemos cometido errores y tenemos que aprender de ellos”. 

Y para rematar la faena, el candidato socialista a la Generalidad en las próximas autonómicas y ministro de Sanidad a tiempo parcial, Salvador Illa, incidió en el mensaje: “Todos tenemos responsabilidad; todos nos hemos equivocado”.

Pero, ¿todos en realidad han cometido errores o cargado con culpas en Cataluña? Tal vez por omisión cabría encontrar algún punto de responsabilidad. En el caso que nos ocupa media, sin embargo, una diferencia esencial entre unos y otros; una distancia abismal entre cometer errores y cometer delitos. Porque, que se sepa, los delitos sólo los cometieron quienes promovieron y llevaron a cabo un proceso de sedición, cuando no un golpe de estado; quienes utilizaron los fondos públicos para financiar su ilegalidad y quienes han desobedecido por sistema las resoluciones judiciales.

Delitos sólo los han cometido quienes promovieron leyes que abolían la Constitución y el estatuto de autonomía, que declaraban constituida la República catalana, alteraban el régimen de nacionalidad de los españoles y arrasaban el poder judicial; quienes promovieron disturbios para impedir la ejecución de las resoluciones y actuaciones judiciales.

No cabe, pues, acusar a todos para justificar a algunos. Ni como popularmente se dice, meter a todos en el mismo saco; esto es, igualar a los separatistas que quebrantaron la ley y el orden constitucional con quienes no quebrantaron ni rompieron nada. 

Ya se sabe que esta artimaña de colectivizar responsabilidades viene a ser la mejor manera de perdonarse a uno mismo y, lo que es más grave, de decir que nadie es culpable. Y de engañar a la opinión pública, pues en este caso se trata de un falso relato fabricado deliberada y repetidamente para justificar la inmoralidad de los indultos que contra toda lógica jurídica y política serán concedidos a los condenados; unos penados que, para más escarnio, siguen manteniendo el firme propósito de reincidencia. “Lo volveremos a hacer”, llevan tiempo repitiendo.

¿Todos culpables?