Pujoles

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Pese a que el Eliot Ness de la hacienda española –Cristóbal Montoro– entró como un miúra a la causa del nunca suficientemente perseguido hasta el catre, Pujol padre, estoy seguro de que, a pesar de todo, a este ciudadano, y dentro de un orden, todo esto se la trae floja con referencia a su persona.
Otro ver es sobre las causas contra los hijos del expresidente de la Generalitat. Y es que, a su edad, y su saber, a ver quién consigue demostrar el origen de su herencia y enchiquerarlo. Antes, en el origen fue el verbo, y el verbo se hizo honorable, y difundió su palabra.
Ahora que el verbo no dice ni pío sobre sus cuentas, a ver quién coño le echa un galgo a la pasta.
Y es que, si sabes delinquir bien –y siempre hay artistas– a lo más que la Justicia puede aspirar es a juzgarte por delito fiscal, como le pasó en su día al pobre Al Capone, que trasegó garrafones de güisqui suficientes para llenar trescientas piscinas olímpicas, pero los investigadores nunca pudieron llegar a demostrarlo.

Pujoles