El necesario exorcismo

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TODO iba de maravilla en el Deportivo. Se habían recuperado la paz social –Tino ganó por goleada la junta de accionistas– e institucional–el club no recurrirá el archivo de la causa contra Lendoiro por supuesto delito societario–. En lo futbolístico también marchaba todo a la perfeccción. Carmelo del Pozo diseñaba con calma y discreción la plantilla; las entradas y salidas se iban ajustando al guion establecido. Natxo González entrenaba a los jugadores para preparar la temporada... Y de repente, ¡zas! convulsión, reaparece el gafe. No es alguien en concreto; no tiene cara ni cuerpo, pero persigue al Deportivo desde la noche de los tiempos. El traspaso de Sidnei estaba cerrado, se iba al Krashnodar y dejaba una buena cantidad de millones en la caja blanquiazul, pero el negocio se ha estropeado. El brasileño pidió más pasta y los rusos le mandaron de vuelta. La culpa será del propio futbolista, de su representante o del lucero del alba, da igual, pero el caso es que el mal fario ya está de nuevo en Riazor. Si hay que recurrir a un exorcista o a la jueza tarotista no se puede esperar ni un minuto.

El necesario exorcismo