PERSONA NON GRATA

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Los concejales en Pontevedra del PSOE, el BNG y la Marea que han declarado persona non grata a Rajoy se han pasado de frenada. Quienes les eligieron para gobernar la ciudad lo hicieran pensando en que se harían cargo de mejorar los servicios, no para que a la manera de “Black Dog”, en la posada del Almirante Benvow, le entregaran la “mota negra”, a un paisano ilustre. En democracia, para rechazar a alguien basta con no votarle. Recurrir a la humillación, porque humillante es la declaración de persona non grata, es bajuno.
Está claro que este no es el año de Rajoy. Lo advierte la sabiduría popular cuando proclama que las desgracias nunca vienen solas. Fue premonitorio el puñetazo que le propinó aquel joven pontevedrés. Tengo para mí que ambos episodios –la agresión y la declaración de ostracismo– han afectado a Rajoy tanto o más que el resultado de las elecciones. Lleva muchos años en política, pero en los últimos meses es cuando se han concatenado diversos episodios de signo nefasto. Y no hablo de los casos y acusaciones de corrupción. Que también. Me consta que salió tocado del debate con Sánchez en el que el agresivo líder socialista le llamó “indecente”. La réplica en la que calificaba a Sánchez de “ruin, mezquino y miserable” delató la desazón con la que vivió aquel momento de tensión, sin precedentes entre aspirantes a la presidencia del Gobierno. Después vino el mazazo de los comicios: el PP fue la lista más votada, pero había perdido tres millones y medio de votos.
Lo que en términos políticos anuncia un más que probable fin de época, pero con la inevitable retirada de la política de Rajoy no debería estimular de manera oportunista actos teatrales de repudio a la persona. Hay que combatir las ideas, pero respetando a las personas. Tras la decisión del Ayuntamiento de Pontevedra se entendería que Rajoy no volviera a poner los pies en la ciudad, en la que aún no habiendo nacido en ella, siempre hizo gala de llevar en el corazón. 

PERSONA NON GRATA