Tiempos inciertos

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Que vivimos tiempos inciertos no es una gran noticia para nadie. Que esos tiempos inciertos pueden alargarse en el espacio es una novedad tan solo para algunos; pero que los tiempos inciertos pueden dar visibilidad a lo único verdadero que hay en nosotros es una revelación para una minoría.

La vida nos ha enseñado que todos somos iguales y hermanos al margen de sexo, raza o ideología. Nos ha obligado a guarecernos para no morir y nos ha enseñado a amar lo pequeño, lo olvidado y hasta lo invisible.

La vida nos ha empapado en llanto para luego guiñarnos un ojo e invitarnos a volver a ser.

El coronavirus, además de la desgracia colectiva más grande de los últimos tiempos, de algún extraño modo se ha travestido de oportunidad para muchos castigados.

La enfermedad ha sacudido a medio mundo, mientras se afanaba en regalarle al otro medio una extraña sensación de agradecimiento por haber sido capaces de resistir sus embistes.

La oportunidad se pinta sola, forzosa, árida, agotadora, temida y misteriosa. Sin saber hacia dónde vamos, hay que continuar. En muchos casos sin tener ni idea de cómo hacerlo, ella nos obliga a inventar y a inventarnos de nuevo.

Con mayor virulencia hacia unos que hacia otros, ella nos invita a jugar a su juego, a acatar sus normas y a hacernos mejores... más humildes, más sencillos, más empáticos, más débiles y al mismo tiempo mucho más fuertes que nunca porque ya conocemos lo peor y ya sabemos que podemos sobrevivir a ello.

El mundo se contrae con las alarmas e, irresponsable, se suelta en cuanto percibe un atisbo de normalidad, sin darse cuenta de que el bicho no está muerto. Danza por nuestros suelos y por nuestras paredes, así como sobre la piel de los que más queremos.

El virus que mató el amor nos ha dejado sin caricias, sin abrazos y sin compañía..., sin embargo, acabará por marcharse y nosotros no podemos permitirnos el lujo de esperar a que lo haga. 

Debemos vivir con precaución, aunque sin obsesión. Tenemos que seguir batallando contra él, pero valorando también el tiempo de tregua en esta guerra sin bajar jamás la guardia. 

Hermanémonos más. Empaticemos más adentro. Guiñemos un ojo a todos los compañeros de guerra que nos rodean y hagamos las cosas bien. Despacio, con cuidado e intentando no buscar problemas sino encontrar soluciones. Y la primera de ellas pasa por continuar viviendo y por hacerlo con responsabilidad.

Tiempos inciertos