Entregado a Podemos

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Libramos una guerra contra el coranovirus. Y en tiempos de guerra, economía de guerra. Hoy por primera vez en mucho tiempo estoy orgulloso de mi Gobierno”. El portavoz de Podemos, Pablo Echenique, remataba el miércoles así de satisfecho su intervención en el desértico pleno del Congreso en el que el presidente Pedro Sánchez informaba y justificaba la aprobación del decreto –ley de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID 19. 
Y no le faltaba razón para de tal forma manifestarse. En primer lugar, porque la norma en cuestión venía a ser en muy buena parte un reconocimiento y un claro triunfo de las tesis del partido morado frente al ala más ortodoxa del Gobierno en materia presupuestaria, deuda pública y déficit que viene encabezando –no sé si aguantará mucho tiempo- la ministro de Economía, Nadia Calviño.
Ya desde el minuto uno del visto bueno gubernamental al decreto-ley, Iglesias dio a sus gentes la orden de ponerse las medallas de las medidas más sociales aprobadas y de insistir en la figura del “escudo social” que ellos representarían. El tal escudo se ha convertido en el nuevo símbolo del partido en twiter. Será su gran eslogan propagandístico.  Acompañamiento mediático no les faltará. 
En segundo término, Echenique bien podía mostrarse contento por que en el propio decreto-ley se le hiciera un extraordinario –e innecesario- favor político a Pablo Iglesias. Se trataba de la modificación de la ley reguladora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), de mayo de 2002, en el sentido de ampliar el número de vicepresidentes de libre designación que han de integrar la Comisión delegada del Gobierno para asuntos de inteligencia. La forzada reforma no tardó en ser interpretada como un hacer un hueco –de dudosa constitucionalidad- al secretario general de Podemos.
Y en último término, la complacencia del dirigente podemita venía del hecho de que, sin formar  parte del cuarteto interministerial designado para la gestión de la crisis, Pablo Iglesias iba a iniciar sus  comparecencias televisivas oficiales. El jueves fue su primera aparición pública  desde la activación del estado de alarma. 
¿A título de qué? No se sabe muy bien qué hacía allí, cuando debía estar en su casa guardando la cuarentena  que se exige a los demás.  
El encargo que dicen se le ha hecho de coordinar los servicios sociales de las comunidades autónomas bien puede cumplirlo el propio ministro de Sanidad. 
Pero en un mitin sin precedentes, que ha causado consternación general,  Iglesias se arrogó sin empacho alguno la autoría del célebre “escudo social” e insistió en que la austeridad había quedado atrás. “Al contrario que en 2008 –apostilló- esta crisis no la van a pagar los de siempre”.  
Todo ello, pues, habrá que interpretarlo como una nueva exigencia de Iglesias y una cesión de Sánchez a las pretensiones de Podemos de estar presente en todas las salsas. Está entregado a ellos.

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