Lo cara que llega a ser el ansia de leer

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Leer como se hizo toda la vida de Dios, con un libro entre las manos o incluso apoyado en un atril, es cada vez más raro. Las nuevas tecnologías han modificado la manera de entregarse a esa afición, pero aún hay quien sigue fiel a la tradición. Es el caso, por un ejemplo, de un valenciano de 53 años asiduo de una de las bibliotecas municipales de su pueblo. Tan asiduo era que llegó a llevarse 222 libros; posiblemente se llevase más, pero 222 fueron los que no devolvió. La Policía lo ha detenido por una estafa por valor de 10.000 euros. Seguro que al arrestarlo, los agentes le leyeron sus derechos.

Lo cara que llega a ser el ansia de leer