El delito de odio a medida

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En estos tiempos convulsos que vivimos, cabe preguntarse si se puede decir de todo y cualquier cosa bajo el amparo de la libertad de expresión. Y la respuesta no es sencilla porque, como decimos los gallegos, “depende”. Desde luego si eres un rapero no deberías de tener problema, dices lo que quieras y acabas con un “ du du ah” y a insultar, injuriar o amenazar gratis total.


Tal es la aspiración de una izquierda cada vez más asilvestrada y extrema que, además, conforma el alto tribunal de la superioridad moral que decide lo que es libertad de expresión o lo que es un delito de odio.

Pero es que hay una ley que nos protege a todos y que se debe cumplir, pensarán ustedes, pues se cambia y punto. Y en eso están los partidos del gobierno que preside Pedro Sánchez. Quieren cambiar la ley para que cualquier rapero de medio pelo pueda decir cosas como : “ matad a un puto Guardia Civil esta noche e iros a otro pueblo y matad a otro” o “la revolución por las armas es democrática para nuestra clase obrera” o “merece que explote el coche de Patxi López” o “ no me da pena tu tiro en la nuca pepero” o “ que alguien clave un piolet en la cabeza de José Bono” o “ los policías son unos mercenarios de mierda y luego se quejan de que les peguen” y omitiré otras citas por soeces e impresentables referidas a las mujeres, solo un ejemplo “voy a tener que violarlas”.


Y todo esto ha de ampararlo la libertad de expresión para ser una democracia “normal” que diría Pablo Iglesias quien, por cierto, mantiene una denuncia contra un ciudadano que le llamó “garrapata” y olvidó decir después un “du du ah” que le hubiera librado de la denuncia. No quiero decirles, pero ya imaginan ustedes, qué hubiera pasado si otro rapero descerebrado, pero de derechas, hubiera pronunciado frases tan desafortunadas, sin duda estaría acusado de delitos e odio por los mismos que ahora se rasgan las vestiduras para arropar al tal Pablo Hasel, que ni tan siquiera se apellida así, pero del que prefiero no mencionar su apellido porque suena a gallego y me avergüenza. Y no es baladí lo que este “artista” dice, a la vista de las revueltas y atentados que sus seguidores y defensores han liado en las calles de muchas ciudades de España. Pero lo inaudito es que desde el gobierno de la nación se alienten esas algaradas violentas que causan destrozos en lo público y atentan contra la integridad física de personas y negocios, auténtico terrorismo callejero (kale borroka) que algunos justifican sin rubor alguno. El propio portavoz de Podemos, el tal Echenique, mostró su apoyo a los terroristas callejeros a los que llama “antifascistas” y con ello les da un cheque un blanco para que destrocen nuestras calles y, ya de paso, nuestra democracia. La ley Orgánica 6/2002 de partidos políticos dice que un partido político podrá ser ilegalizado cuando legitime la violencia como método para la consecución de objetivos políticos o cuando de cobertura a acciones de desorden, intimidación o coacción social vinculadas a la violencia.


Tal es el caso, pero no se aplicará porque la izquierda es muy generosa consigo misma en idéntica proporción que es extremadamente exigente con los pecados de sus oponentes. Se pueden imaginar ustedes lo que estaría diciendo el vicepresidente Iglesias si las algaradas estuvieran promovidas o consentidas por el PP, Vox o Ciudadanos. Esto no se entiende, el Psoe consiente, y con ello se hace cómplice, de los disparates de su socio de gobierno y ya son muchos los socialistas que muestran su disconformidad con los silencios vergonzantes del presidente. El odio lo decide, a su medida, la izquierda radical. Cuidado. 

El delito de odio a medida