Chulos y prepotentes

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la honestidad se está convirtiendo en un bien escaso, en la sociedad actual, en favor de la prepotencia, la chulería y la insensibilidad social y humana. Demasiados personajes de la política, del mundo financiero, empresarial así como de la farándula apenas reconocen sus errores y excesos. Viven en un mundo creado por ellos y para ellos, donde no tienen cabida el resto de mortales que se dedican, entre otras cosas, a trabajar para subsistir, con un poco de suerte.
Cuando, algunos de ellos, son condenados por sentencias judiciales firmes la culpa siempre es de los demás o del propio sistema. Sistema del que se aprovechan para vivir como marqueses, sin dar palo al agua. Que se preocupen los demás “pobres diablos” de las injusticias sociales y de los ciudadanos más indefensos. Ellos ya tienen bastante con pensar a dónde viajar, en sus largas vacaciones, o a que restaurante, “estrella michelín”, ir a cenar, un día si y otro también, o a que país dirigirse en busca de turismo sexual o simplemente estudiar que último modelo de turismo poder agenciarse. La ética les brilla por su ausencia, aunque en demasiadas ocasiones se permiten la licencia egocéntrica de querer ser ejemplo para los demás.  
Oírles decir, públicamente, que lo único que les preocupa son su familia y seres queridos ya demuestra la escasa empatía y sensibilidad hacia el resto de la sociedad que les rodea. No piensan más que en ellos mismos y en su estatus, que desean mantener cueste lo que cueste, a través de paraísos fiscales, estafas, corrupción, difamaciones, especulación y de todo tipo de delitos y malas prácticas.

Chulos y prepotentes