Basta ya de milongas

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La incapacidad y la ambición desmedida de Pedro Sánchez nos colocan a una semana de las elecciones generales. Sí, lo sé: otra vez elecciones. Las cuartas en cuatro años y con una sensación de que hay políticos que no están a la altura. El sentidiño, que tan bien se nos da en Galicia, en ocasiones se echa de menos en los políticos nacionales, especialmente en quien tenía la obligación, y no fue capaz, de sacar adelante unos presupuestos y quien tampoco fue capaz de llegar a ningún tipo de acuerdo con nadie para gobernar.

Vivimos tiempos inestables, de parálisis. Y en A Coruña tenemos callo. Por eso el próximo domingo tenemos una oportunidad, la segunda en seis meses, de corregir el rumbo. Una ocasión única. Y aunque el hombre es la única especie que tropieza dos veces en la misma piedra, esta vez no podemos dejar que ocurra.

Estamos a las puertas de una nueva recesión económica. Negarlo es de necios. Un déjà vu. El camino de Sánchez ya lo había cruzado Zapatero. Y todos sabemos cómo acabó aquello. Sánchez lo calla. Usa triquiñuelas para que hablemos del pasado lejano y no del futuro inminente. Carece de un modelo para España. ¿Qué España quieres, Sánchez? ¿La España plurinacional? ¿La España federal? ¿Qué compañeros de viaje pretendes llevarte contigo? ¿Los que quieren romper España? ¿La izquierda populista? ¿Los nacionalistas radicales?

Esto se refleja en el ámbito local. Más allá de las milongas que nos quiera contar Sánchez, María Pita sacará adelante las ordenanzas fiscales para 2020 al dictado la Marea. Pierde así el PSOE local una oportunidad de aliviar los sufridos bolsillos de todos los coruñeses, y no solo de unos pocos. Mientras, no hay manera de que podamos tener una ciudad limpia y aseada, los servicios de basura y limpieza en regla, la utopía llamada Nostián funcionando de una vez… Y lo del consenso y el diálogo con todos, otra milonga. Milongaza de campeonato.

Recordemos las gloriosas visitas de Sánchez a nuestra ciudad. En la primera prometió el estatuto de las electrointensivas. Nada. En la segunda, hace justo una semana, y con la España sensata clamando en las calles por la unidad y la Constitución, reapareció en La Cubela con otros dos conejos blancos en la chistera: la presunta llegada del AVE y la supuesta solución a Endesa. ¿En serio, Sánchez? ¿Más milongas?

Ya no le creen ni los suyos. No le da la cara para negar que Galicia le provoca sarpullido, el mismo sarpullido que le provocábamos a aquella ministra socialista del plan Galicia de “eme.” Será difícil que alguien supere la ofensa de los presupuestos socialistas frustrados de 2019. De esa nos libramos, pero si el domingo no somos capaces de construir una alternativa seria, responsable y ecuánime, volverá a intentarlo. La gente de bien que en su día votó a Vox o a Cs debe analizar que, si realmente no quieren a Sánchez en La Moncloa, la única vía es centralizar el voto en el PP.

El peligro no son los indecisos; son los que votan desde las entrañas o el corazón y no desde la razón. Todos, admitámoslo, iremos a las urnas renqueando, cansados y tristes por la violencia en Cataluña, por los intentos de manipularnos, por esperar, por pagar y no recibir. Pero nos jugamos la estabilidad, la economía, el empleo, los servicios públicos de calidad y sostenibles y la unidad de España. Nos jugamos nuestro futuro, el de nuestras familias, el de nuestros barrios, el de nuestra ciudad. Venzamos el hastío y vayamos a votar por lo más importante: por la España que nos une.

Basta ya de milongas