Regresar a casa mola sin temor por estar sola

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En los últimos días se ha desatado la polémica en torno a una frase procedente de la ministra de igualdad, que reza: “Sola y borracha quiero llegar a casa”. Al margen de ideologías políticas, coincido con doña Irene Montero en el fondo de dicha sentencia, pero bajo ningún concepto lo hago en la forma.
Debo decir que el origen de mi discrepancia se debate entre la rabia que me produce que, en pleno siglo veintiuno, las mujeres todavía tengamos que exigir ser respetadas por ciertos integrantes del género masculino cuando nos encontramos en situaciones de vulnerabilidad; así como entre la evidencia de una nefasta estructura gramatical que- sin quererlo- promulga un mensaje que se presta al enfado por parte de las sensibilidades más altas o al equívoco por la de las entendederas más frágiles.   
Realmente, lo único que queremos la mayoría de las mujeres es llegar a casa y hacerlo sanas y salvas. Del mismo modo que no resulta relevante si al regreso nos domina el hambre o la sed, si estamos cansadas o despejadas, contentas o tristes, enfadadas o felices; es del todo optativo e irrelevante haberse tomado una copa de más o una de menos. Si una tiene la desgracia de toparse con el lobo por el camino de vuelta, cualquiera de estos estados pasará a un segundo plano.
Como ya insinué anteriormente, el hecho de mencionar la palabra borracha en dicha frase, se presta a equívocos. Por una parte, a algunos puede parecerles que esa es la forma que muchas tienen de regresar al hogar tras una salida nocturna, mientras que a otras puede invitarlas a ingerir más alcohol del debido considerando que el gobierno lo respalda como algo lógico, natural y habitual.  
Así que pensando un poco, en cosa de cinco minutos se me ocurrió el titular de este artículo que, sin duda alguna, ni se presta a confusión, ni a mofa, ni hiere sensibilidades. Supongo que, con un poco más de tiempo, podría haber ideado otro aún mejor, pero se trataba de hacerles llegar el mismo mensaje sin aristas… Y es que a veces no es tan fuerte lo que se dice como la forma en que se dice.
El castellano es una lengua rica y llena de matices. Existen infinidad de sinónimos para decir las cosas de forma parecida, así como de estructuras por medio de las que ordenar palabras con cierta gracia; pero como sucede con todo, hay que saber hacerlo. Estoy segura de que nuestra ministra va a pelear con uñas y dientes por los derechos de todas, lo cual le agradezco mucho, pero es importante que antes de sentenciar, consulte con su jefe o jefa de prensa para tratar de no errar, porque ya sabemos todos eso de zapatero a tus zapatos y aquello de que las armas se cargan solas.

Regresar a casa mola sin temor por estar sola