Verdades, bulos y gritos

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Entre las frases más repetidas estos días son algunas de las que enriquecen las hemerotecas. Gana, por goleada, el relato de Cospedal para explicar el finiquito con el que el PP despidió a Bárcenas: finiquito diferido es el resumen, pero toda la frase le gana a otra frase célebre: las empanadillas de Encarna. Luego tenemos otras, que repetidas hoy, forman pare de informes judiciales. El entonces ministro Acebes, al inaugurar la sede de Génova, hoy una pieza que trata sobre las obras presuntamente pagadas con dinero negro, y que fueron presentadas así por el ministro: tenemos ya nueva sede. Tenemos casa. La hemos remodelada a gusto. Y no nos contó nada nueve. Fue señalado por el juez Ruz en el caso Bárcenas, entre otras cosas, por comprar con “dinero negro” acciones de Libertad Digital.

Y la más reciente es del actual presidente del PP. El señor Casado dijo que “jamás negoció nada con Bárcenas. Que el caso de Bárcenas es cosa del pasado. Ahora sabemos que el consejero de Justicia de la comunidad de Madrid, Enrique López, se entrevistó doce veces con el abogado de Bárcenas para que le pidiera a Bárcenas que mantuviera la boca cerrada. Esta noticia es del martes, día nueve de febrero, o sea con Casado presidiendo el partido.

A las falsas verdades se refiere el catedrático de ética de la Universidad de Barcelona, Norbert Bilbeny, en un artículo publicado por TINTA LIBRE: con las informaciones falsas intencionadas se vulnera la verdad y con ella, en política y en moral, la democracia. Tan bien es cierto que no hay mal que por bien no venga, pues al faltar a la verdad, esta recobra su valor, pues más pronto que tarde los hechos salen a la luz. Hay ejemplos desde siempre y un refrán que asegura que “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”.

Y luego tenemos los exabruptos, loa gritos –no hay más que seguir las sesiones parlamentarias– donde el señor Iglesias es un campeón. Parece no recordar que ya no está en la plaza mayor de Madrid, sino ocupando un puesto que exige moderación, sin que eso presuponga dejar atrás su ideario. Digamos que su edad (nació en 1978), este doctor en Ciencias Políticas, sabe poco de la dictadura que sufrió nuestra generación. Lástima, pues sus acciones y reacciones oscurecen el trabajo de una formación política necesaria como representantes de la gente del común y, por qué no decirlo, de los que más lo necesitan.       

Verdades, bulos y gritos