El Depor, una máquina de hacer picadillo

Despedida de Augusto Joaquín César Lendoiro como presidente del club en Riazor, en enero de 2014 | aec
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Los más de 25 años de Augusto Joaquín César Lendoiro al timón del RC Deportivo han dado paso a un sinfín de episodios tortuosos en la historia reciente de la centenaria entidad blanquiazul.

El hombre que consiguió aupar a la entidad de la Plaza de Pontevedra a lo más alto, alcanzando cotas jamás imaginadas en el club —coronadas por seis títulos nacionales—, abandonó el sillón presidencial dejando una deuda que ha propiciado que se tambalease la estructura principal de un club que ha devorado a numerosos presidentes, directores deportivos y entrenadores.


Concretamente, desde el adiós del mandatario de Corcubión en enero de 2014 se han sucedido al frente del RC Deportivo una retahíla de empresarios de lo más granado del espectro coruñés, obligados uno tras otro a desistir en su empeño de reeditar tiempos de viejos laureles.


El último en caer ha sido Fernando Vidal, después de trece meses en los que intentó por todos los medios reflotar una nave que zozobraba hacia la categoría de bronce del fútbol estatal.


Cuando el milagro parecía al alcance de la mano, con Fernando Vázquez en el banquillo, el conjunto coruñés acusó la presión de un final de Liga muy apretado en el que el Depor se vio abocado al descenso —el caso se encuentra todavía en los tribunales debido al atropello sufrido en la última jornada, en todo lo acontecido con el Deportivo-Fuenlabrada—.


Lejos de amilanarse ante la responsabilidad de afrontar un ejercicio obligado a retornar al fútbol profesional cuanto antes, Vidal comandó la singladura 20-21.


Un periplo en el que el cambio de técnico y los malos resultados vuelven a azotar al club herculino, cuyo máximo accionista acaba de instaurar su ley, colocando a Antonio Couceiro en el cargo de máximo dirigente.

El representante directo de Abanca apostará por la máxima profesionalización del Depor como antídoto a todos los males que han asolado al equipo en la última década.


El hombre de la era contemporánea que más tiempo aguantó el desgaste de la ‘silla eléctrica’ en que se ha convertido la presidencia ha sido Tino Fernández.


El máximo directivo de Altia se mantuvo en primera línea del frente de combate entre 2014 y 2019; el inesperado descenso a Segunda en la temporada 17-18 fue un varapalo del que no se pudo reponer totalmente; al año siguiente, para más exactitud en el mes de mayo, delegaba su confianza en Paco Zas, en unas elecciones marcadas por su apoyo al exdirectivo de Coinasa.


Poco más de seis meses después, los pésimos resultados del conjunto blanquiazul en Segunda División propiciaba la dimisón de Zas en diciembre de 2019.


Tras un paso testimonial de Juan Antonio Armenteros, en enero de 2020 Vidal decidir el pecho a las balas al frente de un Consejo que este lunes optó por echarse a un lado. 

El Depor, una máquina de hacer picadillo