El paulatino desmantelamiento de las dependencias militares 

Compañía del Regimiento número 29 “Isabel la Católica”, desfilando ante Capitanía en el 1960
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Solamente se hará una glosa sobre el edificio de la Capitanía General de Galicia, cuya institución queda instalada permanentemente en La Coruña en 1563, mediante una Real Cédula otorgada por Felipe II, aunque tendrá el monarca que emitir otra Real Orden en 1566, para que se lleve a cabo el traslado definitivo.


La fábrica que alberga a la Real Audiencia y la vivienda del Capitán General era de escasa importancia en aquella época, ocupando en 1578 las denominadas Casas Reales, que eran propiedad de los Pérez das Mariñas, ocupando los terrenos en donde hoy se alza dicha Capitanía.


Así, el 10 de diciembre de 1738 se libra en Madrid una Real provisión de SM para que la Real Audiencia disponga su inminente traslado ante la ruina de la casa que se estaba ocupando. Un año más tarde, dicho edificio tiene que ser apuntalado para no venirse abajo, por lo que esta institución se traslada a otros edificios de la Ciudad Alta, tratando en 1745 la Junta del Reino la imperiosa necesidad de reedificar en el mismo solar la nueva fábrica de la Real Audiencia. Querían que contase con cisterna, reloj, habitaciones para la vivienda del Capitán General y con las dependencias precisas para el funcionamiento de la Real Audiencia.


La nueva Real Audiencia

El 14 de julio de 1748 el concejo de La Coruña da lectura a una carta enviada por el Marqués de la Ensenada al Capitán General del Reino en que confirma lo dicho por el rey, para la edificación de la nueva Real Audiencia, así como una cárcel cercana al mismo edificio.


Se encarga este proyecto al arquitecto Juan de Vergel Reyllo, cargando de impuesto un maravedí sobre cada azumbre de vino, siendo los más perjudicados los cosecheros orensanos. Las obras finalizan en 1753 y anexo a palacio se levanta la cárcel de la Real Audiencia. A lo largo del tiempo tendría numerosas reformas interiores, pero sin alterar su esencia histórica.


Testigo de la historia

Desde su fundación, hace casi 460 años, estuvo esta institución muy ligada a los intereses de Galicia y, en particular, de La Coruña, pese a los numerosos conflictos internos y externos que España mantuvo en sus propias carnes. Aquella Plaza Real, Plaza de Palacio o Plaza de la Constitución vio pasar por sus puertas momentos muy críticos de la historia.


Ahora, después de la reestructuración militar, al haber suprimido el servicio obligatorio en el año 2000, la desafección de inmuebles dependientes de Defensa es algo normal y lo será todavía en los próximos años hasta hallar un equilibrio entre estos y sus necesidades prácticas, ya que aquel ejército numeroso de entonces ya no existe.


Hoy es más pequeño, mejor preparado y también mucho más efectivo, pero en el camino esta reestructuración ha dejado a La Coruña, muy afectada en cuanto a la salida de todas las unidades de Defensa, cuyos cuarteles, en su mayoría –salvo el de Atocha– han desaparecido y con ello numerosos puestos de trabajo que eran el pan diario de mucha gente y de otras que las suplían cuando aquellas se retiraban.


Traslado a Laracha

Al pactarse la salida de las unidades militares se prevé que se vayan a Laracha, en cuyos terrenos era factible levantar modernos cuarteles para albergar a aquellas unidades que salían de La Coruña, pero esto toma un cariz complicado y las negociaciones se enrocan de tal modo que el Ministerio de Defensa opta por trasladar a todas sus unidades a la base de Figueirido, en Pontevedra, donde se mantienen hoy en día.

Junto con dichos acuartelamientos, con el tiempo también acaba por ser pasto de la reestructuración el Gobierno Militar, la propia Capitanía General, y acompañará esta marcha la Comandancia Militar de Marina, instalada en La Coruña desde mediados del siglo XVIII. Finalmente le toca el turno a la Farmacia Militar, que también se va para Figueirido.


En resumen, que ya no quedan instituciones militares en La Coruña y esto ha supuesto una importante pérdida de puestos de trabajo entre mandos, personal auxiliar, suboficiales y operarios civiles destinados en todos aquellos centros, que oscilaban en su momento entre los 1.050 y 1.300 empleados de Defensa.

La ciudad coruñesa es la más afectada en cuanto a la destrucción de tejido empresarial, financiero y militar de las unidades y servicios, teniendo en cuenta la amplia cantidad de centros con los que contaba en el pasado.

El paulatino desmantelamiento de las dependencias militares