El acusado de matar a un traficante arteixán de un disparo alega que nunca tiró “a dar”

|

El Ideal Gallego-2011-05-03-008-b16cf9a6m. pérez > a coruña
  “Disparé para intimidarle, al aire, por miedo a que él tuviese un arma. Era de noche y estaba colocado. No tiré a dar”. Todas estas afirmaciones se pudieron escuchar en la sección primera de la Audiencia Provincial durante el testimonio de I.G., el principal de los imputados por la muerte de Alfonso Piñeiro, “El Piñas”, un traficante de Arteixo que murió de un tiro en la cabeza el 8 de mayo de 2009. Reconoció haber detonado el arma que llevaba encima a un encuentro en el que estaba prevista una compra de cocaína, pero en ningún momento asumió haber apuntado, a pesar de que el fallecido recibió el disparo que acabó con su vida en la cabeza y por detrás, cuando intentaba escapar.
El que podría llevarlo a ser culpado de homicidio fue el único delito que I.G. no asumió. Sí dijo en cambio que traficaba, para pagar su adicción –“consumo unos ocho gramos diarios”– y que llevaba encima una pistola, pero aseguró que “nunca había manejado un arma antes”.
Atendiendo a la versión del fiscal, los dos procesados I.G. y A.J. –aunque este último niega su participación–, ambos de León, se trasladaron a la casa de Piñeiro en Pastoriza para comprar 800 gramos de cocaína. Llegaron allí acompañados de dos mujeres “una morena y una rubia”, que no han podido ser identificadas y, según el autor del disparo “eran una búlgara y otra rumana”. El problema, según I.G., llegó en el momento de probar la droga: “Era de mala calidad y además, el envoltorio pesaba más de lo que debería”. Entonces sacaron las armas.
Tanto la Fiscalía como la acusación particular y la defensa preguntaron al principal acusado por el hombre que le acompañaba. Aunque en la declaración que ofreció a las autoridades cuando fue detenido aseguró que era A.J., poco después se desdijo y replicó que su compinche, el que iba con él aquel día, era “un rumano”. Ayer explicó que si no había identificado antes a esa persona de Europa del este era “por miedo” de lo que pudiese hacerle a él y a su familia. Por ese motivo ayer tampoco dijo su nombre.

Acompañante > Otro de los testigos que declararon ayer fue M.A.B., amigo del fallecido y encargado de ponerlo en contacto con los compradores. Narró como aquel día empezó a sospechar cuando vio cómo aparcaban los leoneses al llegar a casa del Piñas: “Dejaron el coche con el morro hacia afuera”. Él sí reconoció a A.J. como el acompañante del hombre que realizó el disparo: “Es él, con toda seguridad”
La defensa del segundo imputado, sin embargo, recuerda que él en ningún momento salió de León tras los hechos. A diferencia de I.G., que sí huyó primero a Málaga y después a Punta Umbría, A.J., se quedó en la capital castellana. Él asegura que si no se fue, es porque no tenía nada que ver con los hechos y ni siquiera sabía que I.G. traficaba.
Después la acusación le preguntó por su presunta relación con el clan gitano de los Larralde. Negó todo y sólo contestó cuando el letrado quiso saber de  la naturaleza de sus actividades: “¿Son un clan peligroso?”. A.J. murmuró: “Pues eso dicen”.

El acusado de matar a un traficante arteixán de un disparo alega que nunca tiró “a dar”