El hospital para los más necesitados

Antigua ubicación del hospital y la capilla del Buen Suceso
|

El hospital del Buen Suceso se había creado mediante una donación realizada por el vecino de A Coruña Ares González, escribano de asiento y dueño del oficio del notario Pillado, quien mediante testamento otorgado donaba 800 ducados a la Justicia y Regimiento de la ciudad para hacer una casa en la que recoger los pobres, viajeros y naturales, al no haber ninguna debido a lo arruinado que dejara la Armada inglesa a la ciudad de A Coruña.
La disposición testamentaria no se llega a ejecutar hasta 1594, cuando el Concejo de la ciudad decide edificar un hospital en el lugar del Campo del Espíritu Santo, acabando sus obras en 1596.
Después de su construcción, el hospital del Buen Suceso tardaría años en ponerse en funcionamiento, ya que todos los recursos económicos se emplearon en la edificación. En un principio fue utilizado como centro sanitario castrense hasta que en 1603 el Ayuntamiento lo rescata para la ciudad y de esta forma da cumplimiento a los fines indicados en su acta fundacional.

los obregones
Un año después, la administración se delega en los Hermanos Mínimos, conocidos como los Obregones. Dicha orden, desde su fundación en 1568 por Benito de Obregón, se dedicaba al cuidado de los enfermos, mientras que los médicos y cirujanos municipales se hacían cargo de su asistencia sanitaria. La administración de los Hermanos Obregones estaría cuestionada desde su inicio por los regidores municipales, quienes reciben numerosas acusaciones de malversación de caudales y falta de asistencia a los enfermos. Serán numerosas las quejas con motivo de las visitas efectuadas a lo largo de los años, que ponen de manifiesto la utilización de los fondos destinados a fines asistenciales para gastos de la congregación.
En 1690 el Ayuntamiento nombra administrador del hospital a Vicente Velón y en 1695 mediante una sentencia de la Real Audiencia se obliga a los diputados a entregar la administración de la que antes eran responsables y rendir cuentas.
Los desencuentros con los Hermanos Obregones continúan a lo largo del tiempo y en 1762, el alcalde mayor, después de realizar una visita al hospital, propone la separación de los Obregones debido a las continuadas irregularidades en sus cuentas y las malas comidas que se ofrecían a los enfermos.
Después de la expulsión de España de la Orden de los Jesuitas en 1767, la antigua botica queda vinculada al hospital del Buen Suceso y se hace cargo de la misma el boticario Francisco Fariña, quien la tendrá hasta su muerte.
La promulgación de diversas leyes de desamortización durante finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX, desencadenan la progresiva desaparición del centro al quedar este sin las rentas y con escasos subsidios, con lo que difícilmente podía atenderse las necesidades de los enfermos.
Durante la época del Trienio Liberal 1820-1823 el Estado intenta acabar con este tipo de administración, asumiendo su organización y cuidado. Acuerda el Ayuntamiento en 1822 unificar el hospital del Buen Suceso con el de la Caridad, para un mejor aprovechamiento de sus fondos, separando a los Hermanos Obregones de la administración del centro. Con la restauración absolutista, los Obregones logran en 1824 que se les reintegre al hospital y con ello la administración.
No será hasta 1834 cuando se establezca que, las entidades benéficas, queden bajo la visita, protección y vigilancia de los subdelegados de Fomento, a los que se nombra presidentes de las Juntas de Establecimientos Provinciales de Beneficencia, cargo que desempeñarán de forma local los alcaldes respectivos. Como resultado de esta política, en dicho año se ordena la unión del hospital de Buen Suceso junto con sus rentas, al hospital de la Caridad, dejando libre el primero y quedando destinado temporalmente al alojamiento de los enfermos del cólera. La unión de los dos centros sanitarios se hace efectiva mediante Real Decreto en 1835, por lo que se aprueba la integración de ambos establecimientos y se ordena la cesión de la Junta interina que administraba el hospital.
La primera fuente de financiación provenía de las limosnas, censos y foros, tras la fundación, además de las donaciones particulares. Algunas de las más importantes fueron la realizada en 1634 por el regidor de la ciudad coruñesa, Rodrigo González Candame, que donó todos sus bienes; y las de Juan Ignacio Sánchez del Pino, José Caamaño Cerero, Benita Verea, Francisco Antonio Suárez y Félix Antonio de Leis, así como otros muchos benefactores coruñeses, que con su aportación hacen que el hospital funcione en beneficio de la ciudad.
Además de estas fuentes de financiación, gozaba la fundación del Buen Suceso de varios privilegios reales, entre los cuales estaba el pago de tres reales diarios, que el Concejo de A Coruña debía pagar de su Renta de Propios durante cuatro años, o los dos reales que la Real Audiencia pagaba por las condonaciones aplicadas a los presos de la Cárcel Real. Estos ingresos se complementaban con las cantidades que se obtenían por el hospital de los beneficios que reportaban las funciones teatrales.
A lo largo de la historia, este hospital, fue conocido por varios nombres, así se le recuerda como el hospital de Nuestra Señora de las Angustias, hospital de Nuestra Señora de la Soledad, hospital del Buen Suceso y también se le denominó hospital de Guerra, por la asistencia que ofrecía a los efectivos militares que se encontraban en la ciudad.

El hospital para los más necesitados