La Policía Local detecta grupos de jóvenes celebrando botellones en zonas aisladas y playas

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La vuelta a la normalidad es también, como no puede ser de otra manera, una vuelta a los malos hábitos por parte de los jóvenes, que quieren disfrutar de la libertad tras el confinamiento. El Ayuntamiento está preocupado por la posibilidad de que surjan conatos de botellón, como ha ocurrido en otras localidades gallegas, incluso en las playas. De momento, según las fuentes municipales se han detectado grupos de jóvenes consumiendo alcohol en la calle, pero nunca de más de quince personas, que es el límite. Eso sí, se ha notado que algunos se reúnen la playa.

Las autoridades temen que la falta de opciones de movida nocturna provocada por las restricciones sanitarias incite a los jóvenes a volver a practicar el botellón, que se había erradicado de la ciudad desde meses antes de que se promulgara el estado de alarma. La concejala de Medio Ambiente, Esther Fontán, advirtió sobre el particular: “Evidentemente, no se puede hacer fiestas ni  molestar al resto de los usuarios de las playas. Y saben que no pueden beber alcohol, y aunque no  sean Zonas de Especial Protección (ZEP) las playas son sitios protegidos”.

Fuera del centro

En general, los jóvenes huyen del centro, que por ahora permanece muy tranquilo, con barrios como Agra do Orzán, que siempre había sido el epicentro de la movida nocturna, paralizados. Más complicado resulta asegurase de que no surgen “microbotellones”. Es decir, pequeñas reuniones de amigos al calor del alcohol, aprovechando cualquier banco o soportal. Cada noche de fin de semana, los agentes tienen que patrullar una lista que comprende unos 20 lugares.

Al principio fueron localizados en los jardines de la Maestranza, los soportales de la plaza de Juan Naya y la de María Auxiliadora, ambas en Zalaeta y las plazas de Lugo y Pontevedra. Pero también aparecieron en zonas mucho más alejadas del centro, como el parque Europa o el Paseo de los Puentes. A día de hoy, se vigila también el Paseo Marítimo en la zona de Las Esclavas y el parque de Santa Margarita, además del pabellón municipal de Los Rosales. Es decir, siempre lugares apartados, donde no hay vecinos que puedan sentirse molestos y denunciarse su presencia. De hecho, en muchos casos, los propios vecinos solo descubren que se ha celebrado un pequeño botellón cuando se encuentran con los restos al día siguiente.

Sin grandes eventos

El fin del curso universitario normalmente supone el fin del botellón, pero este año es anómalo, de manera que no se puede predecir qué pasará. Los grandes eventos festivos han desaparecido del calendario o han quedado muy disminuidos, en un esfuerzo por evitar aglomeraciones. Este hecho, junto el de que la mayor parte de los locales de ocio nocturno no han abierto sus puertas o tienen un aforo muy limitado, reduce las opciones para los que quieren disfrutar de las noches de verano.

Por otro lado, aunque los vecinos valoran el hecho de que los locales de ocio nocturno están cerrados, el sector, que ofrece empleo a más de mil personas solo en la ciudad, protesta por la falta de apoyo para su reapertura. Sin el atractivo de una noche de fiesta, los hosteleros temen que se reduzcan aún más los ingresos. Por otro lado, los locales e ocio nocturno no pueden contar con las terrazas, y tampoco con el gancho de los grandes conciertos este año, lo que incrementa la incertidumbre..

La Policía Local detecta grupos de jóvenes celebrando botellones en zonas aisladas y playas