Manuel Otero, un intrépido gallego en el desembarco de Normandía

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La historia no deja de sorprendernos y hoy recogemos la epopeya de un compatriota que, inserto en el Cuerpo de Ejército de los Estados Unidos, halló la muerte el día D en la hora H del desembarco de Normandía. 

Su nombre salió a la luz gracias a las gestiones realizadas por Antonio Osendes Barallobre y Manuel Arenas, de las cuales se pudieron conocer más detalles de este intrépido gallego en las filas americanas: Manuel Otero Martínez, un veterano combatiente de la batalla de Brunete, en nuestra guerra civil, y marinero de profesión.

En la contienda que desgarró a España resultó herido de gravedad por una bala que se alojó en el pulmón, siendo trasladado a Valencia para tratar de recuperarse. Fue un proceso muy lento.

A inicios del mes de abril de 1939 se halla en Barcelona, donde un conocido suyo le avala como persona de bien pese a haber luchado en bandos diferentes, y un año más tarde regresa a su casa materna de Catasueiro (Sierra de Outes) aunque no estará por mucho tiempo, ya que pronto embarcará en un navío con pabellón extranjero que hacía la ruta marítima a puertos de los Estados Unidos, donde finalmente se queda –al igual que por entonces lo hacían numerosos marineros–.

Durante unos tres años reside en la Gran Manzana y por temor a ser descubierto y expulsado del país, en caso de ser localizado como un inmigrante ilegal, decide obtener la ciudadanía americana, lo que le llevaría a alistarse en el Ejército como voluntario (lo que durase la guerra más seis meses).

Ciudadanía
Así podría lograr la ciudadanía de pleno derecho, poniendo como residencia suya el territorio de Hawai, que en esa época constaba como asociado a los Estados Unidos, pero no era todavía un estado americano. 

Queda inserto, por lo tanto, en el Cuerpo de Ejército de los Estados Unidos, pero la mala fortuna quiso que pereciese en las tierras de Normandía el 6 de junio de 1944, en el desembarco de las fuerzas aliadas de la playa de Omaha.

Pertenecía al Regimiento de Infantería  16º de la Primera División de la “Big Red One” y se había alistado el 19 de marzo de 1943.

Sus sueños de una vida placentera al otro lado del Atlántico se rompieron rápidamente al estallar una de las numerosas minas que los alemanes habían esparcido por la arena de la playa.

Cuando la metralla alcanza a Manuel Otero al pisarla, allí quedó el cuerpo inerte de este joven aventurero y curtido en una vida muy complicada para los jóvenes de entonces, con sus deseos hechos añicos.

Más tarde su cuerpo fue repatriado a España por el gobierno de los Estados Unidos. Había nacido en 1916 y su ocupación era la de mecánico semicualificado; estaba soltero y era natural de Catasueiro, parroquia de San Juan de Saabardes (Sierra de Outes), en cuyo lugar descansan sus restos desde 1948.

En su partida de defunción se indica: “El cadáver fue entregado el día de la fecha (8 de septiembre) por elementos del Ejército Norte Americano. Dado que murió en el Desembarco de Normandía-Francia, de las tropas Norteamericanas en dicha nación”.

Su número de alistamiento era el 32868826 y su nombre figura en el monumento normando de Colleville, levantado en honor de los caídos de dicha división americana, en aquella sangrienta batalla por salvar a Europa del horror nazi. 

Una vez incorporado a filas, fue trasladado con el grueso de unidades a suelo inglés a finales de 1943, donde los soldados fueron sometidos a una estricta preparación militar, quedando acantonados en el condado de Dorset, de cuyo punto partieron hacia su destino el 4 de junio de 1944.

Fuego cruzado
La muerte se cebará ese día con Manuel Otero y otros muchos durante las labores del desembarco y se verán sometidos a un fuego cruzado de las ametralladoras alemanas situadas en las alturas de la playa, con una visión de disparo que fue la causante de que las bajas americanas ese día fuesen las mayores registradas. 

La unidad de desembarco que transportaba a Manuel Otero a la playa de Omaha al punto denominado Easy Red, la LCI85, recibe los primeros impactos de las piezas de 88mm. 

El transporte los deja un poco a la izquierda del punto indicado. Era la segunda oleada de desembarco en ese punto, pero la primera del 16° Regimiento, siendo el sector más ancho de la playa y uno de los mejores defendidos por los alemanes.

Cuando la Compañía A del 16° Regimiento desembarca en el lugar designado, solo había en la playa un puñado de soldados de Infantería de asalto y de los 32 carros de combate que se habían destinado a la operación para dar soporte logístico tan solo habían logrado llegar cinco de ellos a la orilla. La mayoría de los mismos no sobrevivieron mucho tiempo, al ser destruidos por el certero fuego alemán.

Contienda
Los primeros soldados en cruzar la destruida alambrada o concertina alemana serían el Cabo John P. Ford de Brooklyn (Nueva York), el soldado de Primera Clase Manuel Otero, también de Nueva York, y David A. Arnold, de New Hampshire.

La compañía avanzaba a través del hueco hacia los juncos, los tipos de minas eran dos, una llamado “castañas de indias” y otra de púas. Después de muchas vicisitudes, al final de la jornada del día 6 de junio los americanos habían logrado su objetivo de tener su línea a un kilómetro de la playa de Omaha y el número de bajas de la Primera División de Infantería se calcularon en unas 1.190. En el total de la playa se calcula que fueron en torno a las 2.000 bajas, y a Manuel Otero se le concedió la Medalla Corazón Púrpura por su valor.

Para saber más sobre este héroe gallego recomiendo la lectura del libro “Normandía 6 de junio 1944. Manuel Otero Martínez”, de la Colección Ariete, de Manuel Arenas.

Manuel Otero, un intrépido gallego en el desembarco de Normandía