La fórmula para hacer la ciencia más divertida

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Una vez más, las carpas se levantaron en el parque de Santa Margarita para acoger los experimentos científicos de los casi treinta centros escolares que participaron en la vigésima edición del Día de la Ciencia en la Calle, que este año contó, como novedad, con la presencia de su propia mascota, un colorido robot que se paseó entre las jaimas animando al público a participar en una jornada que combina a partes iguales diversión y divulgación.
No fue el único robot que se vio en María Pita, porque los miembros de Bricolabs volvieron a asombrar a los visitantes con exhibiciones de sus autómatas, como un robot cortacésped y otro que era capaz de dibujar grafitis en una pared por la que se desplazaba con cuerdas. Y es que además de los centros escolares, otras instituciones de carácter educativo participaron en el evento, como el Instituto Oceanográfico, que trajo una roseta para toma de muestras.
Pero la concejala de Cultura, Ana Fernández, elogió sobre todo a los escolares, en medio de un grupo de cabezudos que representaban a insignes científicos. “Yo soy de letras, pero animo a todos a que hagan cosas diferentes con las manos y con la mente”. Como por ejemplo, el IES Ponteceso, que mostraba doce experimentos a la vez, entre ellos el de la lluvia de oro y es espejo de plata, o el colegio de Maristas, que trajo un carrete de Ruhmkorff, una máquina de 1918  restaurada, y un enorme árbol de la vida con más de 3.000 especies. “Se lo curraron mucho”, admitió Fernández.

La fórmula para hacer la ciencia más divertida