La costa coruñesa cuenta la historia desde los vikingos hasta la actualidad a través de sus naufragios

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No es necesario destacar que A Coruña es una ciudad marinera, el mar la rodea y forma parte de algún modo u otro de su día a día y en concreto, el puerto ha estado presente en la forma de vida de la urbe desde que se tiene recuerdo.


La situación de A Coruña hizo que el puerto llegara a ser el más importante del norte peninsular e hizo que llegaran hasta sus costas barcos de todo tipo, desde cargueros y barcos de guerra, hasta los correos que establecían rutas desde este puerto.


Pero el constante trasiego de embarcaciones y las diferentes luchas en las que se vio envuelta la ciudad a lo largo de la historia hicieron que las aguas herculinas, al igual que las de toda la comunidad gallega, alberguen, o albergaran, tesoros subacuáticos. Tesoros que van desde piezas de artillería utilizadas por las embarcaciones y las defensas de la ciudad durante diversos ataques, como restos de los propios barcos.

Los vientos también eran uno de los factores de hundimiento. La navegación a vela se antojaba complicada cuando las embarcaciones trataban de poner rumbo norte y algunas acababan por naufragar. Era el caso, por ejemplo de barcos ingleses o que procedían de las propias islas británicas. Poner rumbo hacia Galicia era más sencillo, pero el retorno no lo era tanto.


Pero estos tesoros, ocultos en nuestras profundidades, no siempre son accesibles o conocidos. Las investigaciones llevadas a cabo por arqueólogos, como Miguel San Claudio, han ido constatando que en las aguas que rodean a la ciudad se hundieron a lo largo de los años multitud de barcos de todo tipo y de todas las épocas. Pero comprobarlo y demostrarlo se antoja más complicado.


Por un lado, las diversas obras llevadas a cabo en la ría herculina a lo largo de la historia para la construcción de lo que el puerto en la actualidad, con sus consiguientes dragados, pudieron hacer desaparecer muchos de esos tesoros que albergaban las aguas coruñesas. Por otro, la falta de medios con la que se encuentran actualmente los arqueólogos hace que no se pueda comprobar si muchos de los pecios de los que se tiene constancia que se hundieron en la ría, siguen todavía ahí.
San Claudio cuenta que la zona de “Pena das Ánimas y Baixo do Pedrido, que hoy engloba el dique de abrigo, era una zona muy complicada en la que se hundieron muchos barcos”, además la continuación a esa zona, “los alrededores del castillo de San Antón, y desde ahí hasta lo que hoy es la dársena, eso era un auténtico cementerio de barcos”. A pesar de rescatarse piezas y conocer historias sobre algunos hundimientos, muchos son harto complicado de comprobar a día de hoy.

Primeras incursiones
En el siglo XII, Alfonso X El Sabio, relataba en su “Primera Crónica General” de España la llegada de lo que hoy llamamos vikingos a las costas españolas. Estos pueblos escandinavos, que saqueaban las ciudades por las que pasaban, harían una parada en lo que hoy es A Coruña durante su expedición hacia Al-Andalus en el siglo IX.


Por aquella época, la ciudad no era más que lo que hoy en día es la Ciudad Vieja y la Torre de Hércules. Los asaltantes tratarían de saquearla, incluida la Torre, por lo que el rey Ramiro I reuniría un ejército para expulsarlos. Por lo que se sabe, llegarían a quemar alguna de las naves vikingas ante las costas coruñesas, pero se desconoce la ubicación exacta y si queda algún resto de las mismas.
Durante la Alta Edad Media, el puerto no estaba distribuido ni localizado como en la actualidad. “Por lo que se sabe, el puerto originario podría estar en lo que hoy es la Solana”, comenta San Claudio, “y durante la Alta Edad Media, algunos barcos llegaban hasta el puerto de O Burgo, porque estaba más resguardado”.

También se puede reseñar que en las costas coruñesas se han encontrado piezas todavía más antiguas, del orden de cepos de anclas romanas.

El cerco y los ingleses
Es quizá la historia más conocida de la ciudad, aunque fuera de estas tierras no lo sea tanto. La defensa de la ciudad, a finales del siglo XVI, del ataque de los ingleses acabó con multitud de restos en los fondos de las aguas herculinas. Tanto restos de proyectiles, como barcos ingleses y españoles que no lograron finalizar la batalla.


Fue la historia que gestó a la heroína de la ciudad, María Pita. Los ingleses descendían hacía la Península con la intención de atacar Santander, donde se reparaban los buques de la Armada española. Para ello reunieron una gran cantidad de buques, la denominada comunmente como Contra Armada o la Invencible Inglesa. Cambiaron de rumbo y decidieron atacar A Coruña, que estaba mucho menos protegida.


Las defensas de la ciudad, en la que jugaron un papel fundamental las mujeres y el marqués de Cerralbo, hicieron que los ingleses perdieran un gran número de hombres y no lograran tomar la ciudad, por lo que pusieron rumbo a Lisboa, tal y como establecía su plan. Las defensas del castillo de San Antón lograrían abatir durante estos ataques, varias embarcaciones inglesas. Se podrían contar tan solo un par de buques, pero también varias embarcaciones pequeñas, que los ingleses utilizarían para tomar tierra.


La defensa española por mar estaría conformada por unas pocas naves que se postrarían en la ría, cerca del castillo de San Antón. Entre ellas, el galeón “San Juan” y la nao “San Bartolomé”. La primera, tras varias acometidas del combate, quedaría en muy mal estado y se decidiría quemarla, o explotarla. La segunda, mientras el resto de la expedición marina española trataba de refugiarse en Ferrol, fue hundida por la propia tripulación en la costa coruñesa, para que no fuera capturada por los ingleses.


Otras dos naves españolas, la “Sansón” y la “San Bernardo” también habrían naufragado, o hundido, en la costa coruñesa.

Patrimonio oleirense
Todo esto parece suceder del lado coruñés de la ría, pero también en la parte oleirense se tiene conocimiento de restos navales.


Punta Bufadoiro, Mera, o Canabal han sido lugares en los que se ha ido encontrando piezas relacionadas con buques de guerra o piezas de otras naves. Algunas de las piezas se atribuyen también a buques del corsario inglés Francis Drake durante el cerco.

Cañones, lingotes o piezas de artillería se encontraron en las aguas de la ensenada de Mera y Punta Bufadoiro. Además, en Mera, cuenta San Claudio que quedan “en los enfiladeros, una batería costera abandonada”.

Posteriores
En el siglo XVIII, los temporales y la peculiaridad de las costas acabarían con varias naves que se hundirían cerca de Coruña. Embarcaciones inglesas y francesas, con cargas diversas como ron, aguardiente, cañones o presos, no sobrevivieron a temporales y, tras intentos de fondear para reparar los buques, acabaron sucumbiendo a las aguas.


En el XX, pesqueros y buques a vapor incrementaron la leyenda de Pena das Ánimas como un gran cementerio de barcos.

La costa coruñesa cuenta la historia desde los vikingos hasta la actualidad a través de sus naufragios