Pedro Ramos | “Sigo siendo aquel chico de Entrevías que quería contar historias con once años”

El escritor pasea estos días por varios de los escenarios de la novela | quintana
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Pedro Ramos vuelve a la ciudad que masticó durante trece años con una novela “La playa de los cristales” (Edebé) que tiene la fuerza del paisaje viveirense y el nombre de coruñeses, a los que el autor les invitó a soñar en talleres, en el mismo espacio que mañana la presenta. La biblioteca Infantil e Xuvenil de Durán Loriga fue el germen de lo que hoy cuenta y por eso es un acto de justicia que Ramos hable de ella en ella a las 20.00 horas con la presencia de algunos chavales que le empujaron a coger el boli.
El autor cuenta que hace unos días estuvo en el escenario de la historia, en Area, donde decenas de niños ventilaron el volumen y le pidieron un garabato y en el albergue al que Juana y su hermano acuden: "No entré hasta el pasado viernes, tampoco estuve en la isla de Area".
Además, Ramos pisó la biblioteca donde ambientó varios capítulos y conoció al conserje del albergue, Alfonso, que se emocionó al verle, igual que los que forman parte de la memoria de un edificio con más de 50 años. Y es que todo cogió forma en una Semana Santa en la que Ramos y su pareja se fueron a la Mariña lucense y serpentearon su costa, fueron hasta las dunas fósiles y vieron la poza da Ferida. Con los ingredientes sobre la mesa, el novelista se puso en la piel de adolescentes: “No fue difícil, a lo mejor es que todavía lo soy un poco”.
Y es que en el fondo, Ramos dice seguir “siendo aquel chicho de Entrevías que quería contar historias con once años” y contarlas de manera diferente porque “siempre voy buscando superarme”. El siguiente tiene que ser distinto al anterior, señala, sino se aburre y este, en concreto, nació después de que una lectora “me dijera que en ‘Todo mentira’ no había emoción”.
Por eso lo vistió de aventuras y como ese verano leía “Los juegos del hambre”, se trajo la novela a Galicia: “Tiene muchos paralelismos porque Juana tiene que salvar a su hermano y acaba de perder a uno de sus padres”. Así que “La playa de los cristales” es un cóctel de emociones: “No la escribí para que fuera un libro juvenil”, que enganchan, una lleva a la otra ya que su intención fue la de que “cuando llegases al final de cada capítulo, no te fueras a dormir”. Para eso, la técnica que usó “hombre en el precipicio” surtió efecto y son muchos los que le reclaman más. Antes, llegará a las librerías otro con sabor a salitre. Mágico. La razón está en que “El coleccionista de besos” trascurre en la noche más larga del año. Es San Juan y San Juan coruñés, pero esa es otra historia. Paso a paso, Ramos avanza.

Pedro Ramos | “Sigo siendo aquel chico de Entrevías que quería contar historias con once años”