“Necesito escribir porque soy un hombre encuadernado”

Pernas asegura que para él escribir es vivir
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Es el libro de Jonás, pero podría ser el de sus tres hermanas, cada una con un perfil muy novelesco que le sirve a Ramón Pernas para pasar de la infancia a la adolescencia y terminar en la vejez: “Del esplendor voy hasta la época crepuscular”.
El autor, que introducirá la historia a las 20.00 horas en El Corte Inglés de Ramón y Cajal, señala que el “carpe diem” es permanente con dientes de leche o dentadura postiza y “la puerta está siempre abierta a la esperanza para que entren las buenas noticias”. De esta forma, en “El libro de Jonás” (Espasa) todo es verosímil, pero nada es real. Ninguno de los personajes existió, pero todos lo podrían haber hecho porque “son arquetipos de gente común, que goza y sufre, que están en el alfa y el omega”. La novela huele, además, a la Mariña lucense.
Dice que es inevitable: “Es un libro gallego escrito en castellano, me muevo por el idioma común que es el español pero utilizo subjuntivos, elipsis concretas y la memoria de Vilaponte”, que es, en realidad, Viveiro, el terruño de Pernas. Así es que cuando lee su propio relato, es capaz de ver la luz líquida que baña a Vilaponte y escuchar a las olas morir en la orilla: “Me he quedado para siempre aquí. He elegido dónde escribir, al lado de un mar y una tierra que conozco profundamente y amo”.
En el arte de crear vidas sobre el papel, Pernas les pone su misma edad a los protagonistas. Por eso, no son jóvenes pero hace feedbacks continuos y al final la infancia está en la misma superficie como parte de los que se asoman a la senectud con un mensaje vital: “Compito con dios por darles vida, parto de una historia, de mí ni hay mucho ni hay nada, está todo, pero no soy yo”.
El novelista cuenta que su única pretensión es que la gente la lea y “pase un rato agradable, que ponga la pieza en el puzzle narrativo. A veces encaja y otras no. Está todo al capricho del lector, que es el dueño”.
Pernas se inmiscuye en la narrativa porque dice que la poesía ya la ha abandonado. Que en su caso tiene fecha de caducidad y el lirismo lo vierte ahora en las novelas. Sin embargo, para Pernas, “la poesía es la forma de entender el mundo. La mirada poética puede trascender a la poesía formal más que a la poesía”. Cuenta que tiene un público fiel, “que acoge con mucha generosidad mis novelas”. Ramón escribe “para ellos y para mí”. Cuando coge el teclado es como si estuviera conversando con los lectores, “como si les contara un cuento todas las noches”.
Y es que para el periodista, “escribir es vivir. Necesito hacerlo. Es como un compromiso vital”. No es un capricho ni un ejercicio coyuntural ni ocasional porque Ramón Pernas se define como “un hombre encuadernado”.

“Necesito escribir porque soy un hombre encuadernado”